Familia Gómez
Torreón
“Bienvenidos al Fraccionamiento Pedregal del Valle, tranquilidad para los tuyos”. La realidad es que el fraccionamiento es todo menos tranquilo: hay muchos comercios alrededor, los vecinos tienen mucha vida exterior y hay escuelas de todos los niveles cerca, tanto públicas como privadas. Eso fue una de las cosas que les gustó a las Gómez de este lugar. Originarias de Durango, se mudaron desde muy pequeñas, tanto Pety como Verónica, para acompañar a sus papás a buscar mejores oportunidades. Pety, a sus 61 años, no se ha movido de ahí. Verónica, de 42, vivió unos años en Oklahoma, Estados Unidos, hasta que las políticas migratorias la hicieron volver con uno de sus hijos, Leo, de 21 años. Su otro hijo y su esposo, ambos estadounidenses, se quedaron del otro lado.
Leo viaja para ver a su hermano y su papá de forma seguida y Pety va a visitar a sus otros familiares en Tulsa dos o tres veces al año. Verónica ya no puede viajar para allá por temas de papeles, pero sí recibe dinero que envía su esposo cada mes al banco. Hace unos días, en plena pandemia, compró una moto para que Leo, que nomás andaba de flojo en la casa sin hallar en qué entretenerse, ayudara a su tía Pety distribuyendo vales de tiendas Full, Al Costo, La Moderna, Zapaterías Torreón…
Cuando el coronavirus llegó a los medios y a la vida cotidiana, la familia se aisló por puro miedo y depositó su entera confianza en manos de Dios. Siendo adventistas, tienen una fe muy fuerte que combinan con buena limpieza e información actualizada. Dos meses después, la fe sigue intacta, pero han comenzado a bajar las barreras de socialización. Tan solo la semana pasada se juntaron en casa de unos primos para ver un concierto vía internet por solo cien pesos. Comieron sushi, tomaron refrescos, botanearon con papas y cacahuates y, por unos momentos, se olvidaron de que había algo llamado contingencia.
Al regresar a casa, regresaron también las preocupaciones de Pety: “¿habremos hecho bien en salir?, qué tal que nos enfermamos…”. A Verónica no le gusta ver a Pety ansiosa porque le empiezan a salir todos sus achaques. Lo único que la distrae es su trabajo: sus vales, su calculadora y sus plumas de colores. Ha perdido muchos clientes, pero no las ganas de seguir dando un buen servicio, sobre todo para que se corra la voz ya que se acabe la bendita pandemia.
La familia Gómez dice que viven en tres realidades: la que crean los medios de comunicación, la de las personas allá afuera y la que ellos han construido para protegerse. Verónica se queda pensando hasta que Pety la saca de su ensimismamiento cuando le grita a Leo que ya lo están esperando unas clientas para que recoja los abonos. Cuando Leo sale a la calle en su moto nueva piensa que tal vez no son tres sino millones de realidades. Mientras, deja atrás el fraccionamiento, donde por fin hay tranquilidad para los tuyos. ![]()




