Las familias de la contingencia

Familia Bautista

Chiapas

El municipio de Teopisca, Chiapas, fácilmente se podría dividir a partir de los lugares en los que cada uno de los integrantes de la familia Bautista desarrolla sus actividades cotidianas. Pedro es velador en un rancho mientras Carmela administra la casa de todos; ellos son los abuelos. Evangelina, de 31 años, es la emprendedora de la familia: vende nieves y en sus ratos libres ayuda en una papelería de una conocida; ella es la tía de la familia. Alejandro, de 37, actualmente es el jefe de construcción de una casa particular en donde aplica todo lo aprendido como albañil en los últimos años; su esposa, Josefa, se dedica al pan en una panadería local en donde trabaja todas las mañanas. Ellos tienen dos hijos: Alexandro y Alexandra, de 11 y 7, que corren por las calles del barrio “Los Jardines”.

Sobra decir que son una familia clánica, que se piensa como una unidad. Ahorita más que nunca tienen que hacer valer esa conjunción porque sienten que entre más y más se alargue el encierro, más y más se les comenzará a complicar pagar todos los gastos. Josefa ha comenzado a bordar para vender sus creaciones, Alejandro ya está terminando la casa y comenzará a buscar otros contratos, Pedro se enfrentará a la etapa más difícil del año para la cosecha de maíz y Evangelina piensa en qué más puede hacer: tal vez cortar leña o pedir algún apoyo al gobierno.

Mientras la familia piensa en estrategias para salir adelante, Carmela lava sus trastes con mucho cuidado y parsimonia. Sonríe y recuerda que esa vajilla se la regaló su esposo hace muchos años. Salió buena, ha durado mucho tiempo. Pedro siempre ha tenido gusto por las cosas de calidad para su casa y en noviembre del año pasado se endeudó con un dinero prestado para comprar cosas nuevas para su hogar. Y aunque se le complicó pagar un poco, cree que fue una buena estrategia el hacerse de sus cosas de esa manera.

Alexandro y Alexandra juegan todo el tiempo en que no están ayudando a su mamá y a su abuela en labores del hogar. Para ellos, lo más preciado que tienen son su familia y sus juguetes. Evangelina se ríe, reconociendo que sus sobrinos están bien educados. Para ella lo más valioso es su triciclo en el que vende sus helados; su refrigerador ya está viejito, de hecho, lo iba a renovar en estos meses, pero la pandemia detuvo sus planes; tal vez su nuevo refrigerador será lo más valioso en el futuro cercano. Para Alejandro son sus herramientas de trabajo: ya le han aguantado más de cinco años. Unos prefieren rentarlas, pero nada como tener algo propio, aunque hay que cuidar que no se las roben.

Con la situación actual, piensan ‘endrogarse’ un poco y cada día barajean la opción, pero con su dinero, bien trabajado, siguen pasando los días sin mayores dificultades. Mientras tengan al municipio, el municipio los tendrá a ellos.