Las familias de la contingencia

Familia Brenes

Mérida

En esta casa yucateca nadie se queda sin hacer nada, todos cooperan, todos estudian, todos trabajan, todos se divierten. Los Brenes siempre se están moviendo y buscan tener una buena vida, disfrutarla, estar bien y cuidarse. Para María, la abuela, lo peor de todo esto es que ya no puede hacer lo que más le gusta: viajar. El coronavirus interrumpió uno de los viajes que más había esperado. Ella estaba en Turquía y su siguiente parada era Dubái, pero los organizadores de su excursión cancelaron lo que faltaba y todo terminó a la semana de haberse ido. La frustración y enojo fueron los primeros sentimientos, pero después agradeció no haberse quedado varada en un país que no es el suyo. Al regresar decidió encerrarse los 15 días recomendados y desde ese momento no ha salido para nada, ni para visitar a sus amigas, ni a su familia. Ya no fue a Oaxaca, ni a la Riviera Maya ni a la Ciudad de México a visitar a la virgencita. Todavía está peleando el reembolso de las excursiones que ya tenía pagadas, pero sabe que será muy difícil lograrlo.

Sus hijas Cinthia y Gabriela son el pilar de la familia. En ellas recaen las responsabilidades de la casa, los gastos más importantes y la educación de los hijos. Para ellas la vida cambió 180º pero se han sabido adaptar y salir adelante. A Cinthia le redujeron el horario en su trabajo y le ofrecieron un salario más bajo; con esto tuvo que sacar la mensualidad del coche, de la casa y del refrigerador que estrenaron hace dos meses. Tan solo un mes después de que inició la cuarentena decidió emprender un negocio de venta de bolsas y zapatos por Facebook. Para su sorpresa le ha ido muy bien y lo adjudica a sus habilidades para las ventas.  Alfonso, su esposo, ha tenido más trabajo porque al ser chofer privado se ha enfocado en hacer los envíos y entregas de súper y compras a domicilio. Con esto ha sacado para pagar los servicios, la comida, los gustitos extra y el pago de las otras tarjetas: la de Suburbia, la de Liverpool y la de Walmart.

Gabriela ha tenido que lidiar con el estrés que implica hacerse cargo de la casa, las compras, tomar sus clases de posgrado, trabajar, acompañar a su hijo Diego en sus tareas y clases del kínder y hacer la mudanza que ya había planeado con su novio. Esto la orilló a buscar maneras para desestresarse: hablar más con su psicóloga, comprarse un cuaderno para colorear de Vogue y un escritorio para poder ser más productiva fueron las soluciones que más le resultaron. Afortunadamente sigue recibiendo su beca del doctorado y piensa que si en algún momento todo se complica puede irse a trabajar con su hermana repostera a la Riviera Maya.

Aranza, Raffael y Diego, al ser los consentidos de la casa, han obligado a la familia a pasarla bien y disfrutar de los fines de semana en donde las piscinadas, los picnics y las pijamadas no han faltado. Sin embargo, también es por ellos que ahora la escuela se ha convertido en uno de los mayores miedos e incertidumbres. Los Brenes saben que los tiempos son difíciles y que la vida está cambiando mucho y seguramente cambiará más. Ellos saben que deben seguir siendo movidos, dinámicos y adaptarse para poder mantener la vida que les gusta.