La familia Santoyo
En la primera interacción con la familia Santoyo, David, el padre de familia, le dijo a la antropóloga con una sonrisa en la cara: “Normalmente yo no sé estar encerrado, me gusta mucho ir a chacharear al centro, comer y después echar un cafecito”. La sonrisa la mantiene estos días aunque no su costumbre de salir tanto. Si bien ha salido por unas tortas ahogadas y por su café, su mayor distracción es pasear en su moto por el fraccionamiento en Matatlán, pueblo aledaño a Guadalajara, Jalisco. La moto es uno de los hobbies que comparte con su esposa, Mónica, al igual que su lugar de trabajo: el Centro de Enseñanza Técnico e Industrial.
Tienen dos hijos: Gabriela de 34 años y David Jr. de 30. Ella la necia y él más consciente. Ella la que sigue saliendo hasta que la obliguen a quedarse en casa, él quien se ha guardado desde el primer día. En lo que todos están de acuerdo es en que las cosas se van a poner cada vez más feas, sin embargo, tienen la percepción de que ellos están ahorrando. Ya no se gasta en el chachareo de David, en las compritas de Mónica y en la comida en restaurantes los fines de semana. Entonces no han tenido que pensar en soluciones ante un problema económico, todavía. Los dos padres conservan sus sueldos intactos y siguen trabajando a distancia, Mónica con sus clases, pero en línea (un reto para ella), David con sus archivos en la computadora. Ambos cuentan con un crédito de su banco, por cualquier cosa.
Mientras conviven en la casa de dos pisos, con decorados modernos elegidos por las mujeres del hogar, molestan a Mónica que quiere comprar una cabañita en Veracruz para cuando se jubile (en unos cinco años). David Jr. dice que allá hasta los payasos se deprimen. David papá se queda pensando pues a él solo le falta un año para jubilarse y solo puede pensar en comprar una moto nueva y en que va a extrañar mucho la socialización que tiene en su trabajo.
Piensan que el presidente ha hecho bien en no alarmar a la ciudadanía de manera en que el país se convierta en una locura. Al contrario, sienten que su gobernador, Enrique Alfaro, ha sido más extremista y todo por llevarle la contraria a Andrés Manuel. Pura politiquería, dicen. Si bien al principio se enteraban de todo esto por redes sociales, ahora ya los tienen cansados: puras noticias falsas y memes. Prefieren usar Facebook solo para estar en contacto con sus familiares en otros estados, saber que la abuela está bien y nada más. La semana pasada, Mónica comenzó con dolores de espalda que la terminaron llevando al hospital. Una clínica del ISSSTE, vacía, donde solo podía pasar el paciente. Con todo y cubrebocas, David la llevó pero se quedó lejos del hospital porque se considera población vulnerable. Más vale prevenir. Luego de la cita en donde le dieron varios medicamentos, Mónica y David se fueron a sentar a la plaza, también vacía, y a echarse un cafecito para aprovechar la salida. Eso sí, sin saludar de mano. ![]()




