Las familias de la contingencia

Familia Palomo

Zacatecas

Hay que imaginar una cara llena de arrugas, una actitud extremadamente amable, calmada y contenta, unos pies hinchados por la diabetes y el orgullo de tener diez nietos que la quieren mucho para conocer a doña Elena, la jefa de la familia Palomo. Ella es quien cuenta que cuando llegaron ahí, a Fresnillo en Zacatecas, la colonia ni estaba pavimentada. Ella es quien cuenta, mientras le toma la mano a su esposo Silvestre, que le gusta comprar en el mercado verdura fresca y lo necesario para vender sus tamales los sábados. Ella es quien, también, cuenta que su hija Lupe es bien ahorradora y que su nieto óscar se compró su moto para ir a la universidad. Se ríe cuando ve a Óscar, de 1.90m de estatura, subido en su motoneta.

Lupe define en una palabra su sensación durante esta cuarentena: riesgo. De la economía, de contagiarse, de no saber, de que todo puede cambiar muy rápido. Ella, por ejemplo, ha tenido que regresar a trabajar de manera presencial en la maquiladora. Por un lado, la tranquiliza contar con trabajo, pero por otro, le preocupa enfermarse. La manifestación de comerciantes del centro de Fresnillo pidiendo al gobierno igualdad de condiciones frente a grandes cadenas de supermercados no ayuda en la sensación de inestabilidad que vive ella, su familia y sus vecinos.

¿Cuál es su mejor estrategia? Aguantar vara y echarle ganas. Vivir al día y no darle tantas vueltas a las cosas que no pueden controlar. Al final del día, el dinero va y viene, dice doña Elena. Como que Óscar quiere contestar algo, pero permanece pensativo. Su mirada se enfoca en las manos de sus abuelos y comenta que a él no le gusta que politicen las noticias. Entre creer o no creer, prefiere cuidarse y cuidar a la familia.

La “nueva normalidad” es una frase vacía para la familia Palomo. Cada vez ven a más gente en la calle. Zacatecas pasó a rojo en el semáforo de la contingencia. La mayoría de la familia ha seguido trabajando. Para ellos la vida no ha cambiado tanto, más allá de caretas y cubrebocas. Lo que sería terrible: perder el trabajo. Prefieren evitar pensar en ello. Viven al día no en cuestiones económicas, sino en términos de planeación. Por ello cuando el tema de los escenarios posibles sale a la plática en una sala llena de fotos, recuerdos y altares, Elena, Lupe y Óscar afirman que el gobierno tendría que dar más ayuda a los que más lo necesitan. Si se trata de preocuparse, es más fácil preocuparse por los demás que por uno propio. Tal vez es esta otra estrategia para sobrepasar la pandemia, tal vez es un estilo de vida arraigado que se traduce a decisiones cotidianas, tal vez es otra arruga más en la cara de doña Elena que sigue sin soltar la mano de Silvestre, todos los días en una casa de clase media dinámica de Fresnillo, Zacatecas.