La familia Marín
Durante estos días de “estar guardados”, uno de los aspectos que más ha afectado a los Marín es no poder ir a misa y ahora tener que escucharla por Facebook Live y orar desde su casa. Mildret y Victoria, las más creyentes, organizan las “misas caseras” porque consideran importante mantener su vida espiritual para beneficiar su salud y sus finanzas ante esta crisis. Sumado a esto, piensan que consentirse y cumplir sus antojos, desde las papitas hasta la Coca Cola que nunca había sido parte de la despensa, es bueno para relajarse, quitarse la ansiedad y mantener los ánimos ante tanta incertidumbre.
Hasta antes de la cuarentena, la familia Marín mantenía rutinas cotidianas que involucraban a las 10 personas que la conforman. La casa ubicada al oriente de la ciudad de Mérida era testigo del movimiento diario y el dinamismo de todos sus integrantes. Sin embargo, desde el 17 de marzo esta casa se fue transformando en búsqueda de comodidad sobre todo para que pudieran seguir trabajando. Sofía, la hermana menor, prefirió irse a vivir con su jefa para poder estar en el negocio de bienes raíces. Victoria, la mamá, se fue a casa de su hermana Ros para cuidar a sus sobrinos mientras ella trabaja. Mildret, Raúl y su hijo Emiliano fueron quienes se quedaron en casa junto a Fernando, Andrea y su hija Lucía hasta que, durante el viernes santo, hicieron la mudanza que habían planeado desde hace tiempo. Ahora, desde su casa nueva y a pesar de las extremas medidas de higiene que tomaron y aseguran que posponer la compra de muebles fue la mejor decisión, pues les ha permitido estar más tranquilos durante la cuarentena.
Ante tantos cambios lo único que permanece constante es que todos han buscado opciones y estrategias nuevas con el fin de que los negocios de cada uno no se estanquen y puedan seguir ganando dinero. Fernando y su despacho de arquitectura, a pesar de tener obras paradas, ha decidido seguir con algunos procesos legales, platicar con clientes y concretar citas. Victoria, además de vender por catálogo, ha pensado en hacer comidas y cenas para sacar un dinerito extra. Mildret, al depender del trabajo de Raúl en una fábrica de aceite, ha comenzado a ahorrar más en la alimentación en caso de que le recorten el sueldo a su esposo. Cuando vivían juntos acordaban cocinar todos al mismo tiempo para ahorrar gas y no usar el aire acondicionado durante el día, solo en la noche para dormir mejor con los 40 grados de temperatura. Su salud les comenzó a preocupar hasta el sábado santo cuando se enteraron de que una vecina suya dio positivo en las pruebas de COVID-19 y esto ha generado miedo porque todos van a la misma tiendita y caminan por la misma calle. El problema dejó de ser lejano y comenzó a ser una preocupación cercana y constante, pero confían en que el gobernador de su estado ha tomado las medidas correctas para evitar los contagios. Al contrario de lo que piensan sobre el presidente, a quien no lo ven preparado para afrontar este problema y opinan que, como siempre, afectará a los más desprotegidos. ![]()




