Las familias de la contingencia

La familia Vázquez

Las vacaciones llegaron por adelantado a la casa de los Vázquez en Tijuana. Se apagaron las alarmas para despertar temprano, ahora sí se le está sacando jugo a la cuenta de Netflix (aunque sea prestada), las siestas de la tarde suceden todos los días y hay más tiempo para chatear con la familia y los amigos. Cristina, la administradora y proveedora de la casa, ha hecho uso de sus ahorros para mantener a toda la familia. A pesar de que su agencia de viajes está cerrada tiene confianza en que al salir del encierro la gente se va a “deschongar” y va a querer viajar muchísimo y ahí es en donde va a recuperar todo lo perdido.

Le evolución del fenómeno COVID-19 ha ido a “destiempo” en la familia Vázquez ya que la preocupación comenzó a surgir hasta la semana 3 de cuarentena en donde el mercado, su referente más cercano, comenzó a tener menos gente, menos negocios abiertos y más cubrebocas. De igual forma las noticias no eran prioridad para esta familia, las veían como pérdida de tiempo porque solo se escuchaban asesinatos, violencia y cosas del narco. Sin embargo, al ver que todo avanza tan rápido, han comenzado a informarse un poco más, aunque persiste la idea de que es mera estrategia política y la gente se enferma de puro miedo. Para Cristina, el vinagre y el bicarbonato han sido sus principales aliados. Su miedo creció cuando supo que ella, al ser pre-diabética, ya era parte del grupo de riesgo. Empezó a tener pesadillas (piensa que tal vez originadas por fiebre) y dificultad para respirar, pero al ser síntomas que se quitaron en pocos días decidió no darles importancia.

La preocupación ha ido y venido. Lo económico los mantiene seguros porque si los ahorros se terminan tienen las tarjetas de crédito porque para eso son, para las emergencias. Carlos, el esposo, chofer en una empresa de viajes y turismo, no ha trabajado. Se aburre en casa, come más, duerme más y ve más televisión. Esto ha ocasionado discusiones y molestias ya que Cristina es quien hace todas las labores domésticas además de cuidar a su nieto Gael, porque su mamá Stephanie sigue saliendo a trabajar. Por otra parte, para Lakshimi, la hija menor, esto es lo mejor que pudo haberle pasado ya que para no aburrirse y sentirse sola se fue a casa de su novio en donde toma sus clases universitarias en línea, duerme, come y ve películas. Para ella esta es la vida perfecta, aunque su mamá ya comienza a extrañarla.

Al ser una familia que vive de actividades turísticas, las fechas navideñas ya comienzan a ser parte de la planeación en donde están depositando no solo recuperar el dinero sino hacerlo crecer mucho más. Para esto, Cristina ha decidido que mientras dure la cuarentena se enfocará en hacer más atractivo el Facebook de su negocio escribiendo mensajes positivos que animen a la gente a viajar y a cumplir sus sueños. Ella es quien más se esfuerza para no dejar caer los ánimos de la casa, a pesar de que Carlos parece no tener esperanza en el futuro porque no hay trabajo, es tedioso estar encerrado y a veces ya ni alcanza para las cervezas.