La familia Treviño
Los héroes de Elodia. Así podrían describirse los Treviño en esta cuarentena. Elodia es la abuela, la más grande de la casa, la que no tiene permiso “ni de salir a la banqueta” y por quienes todos aseguran que se están aplicando en cumplir las medidas de higiene para afrontar al COVID-19. Su mejor escudo, hasta ahora, ha sido comprar grandes cantidades de comida para tener reservas, quitarse los zapatos en la entrada, pagar sus deudas y no salir a la calle. Estas son las mejores armas para que el virus no entre en casa.
Carmen, la hija, sigue yendo a trabajar a la fábrica de metales, pero nunca sale sin su cubrebocas hecho por su hermana y su bote de alcohol preparado por su hermano Carlos. Él es quien más atento ha estado a las noticias, a pesar de que ya le pidieron que las vea menos porque estresa a toda la familia. Su preocupación crece cada vez más porque su negocio de electricista, contratista y “de lo que sea” ha permanecido cerrado. Su jefe le pagó el último sueldo y hasta ahora ha podido vivir con sus ahorros, sin embargo, ya ha comenzado a dudar si aguantará hasta que todo termine, porque cada día que pasa tiene menos idea de cuándo terminará.
Ahora los gastos se reparten de manera diferente en casa, siendo prioridad la deuda que Carmen tiene de la remodelación de su cocina. No quieren atrasarse en sus pagos quincenales y evitan a toda costa “ser comidos por los intereses”. Desde que inició la cuarentena, Carlos se encarga del pago de todos los servicios y la despensa la dividen entre ambos. Conforme el tiempo avanza, los préstamos bancarios comienzan a resonar entre los planes futuros, pero aseguran que esto sólo pasará si sus otros hermanos no pueden apoyarlos.
Guadalupe, la nieta de 24 años, es maestra y aunque la guardería donde trabaja le sigue pagando a pesar de no dar clases, ya comienza a pensar que tendrá que conseguir otro trabajo para poder ayudar a pagar las deudas que la familia pueda contraer. Al ser la más joven de la casa, siente mucha responsabilidad por ayudar a sus tíos y a su mamá, quien trabaja en un puesto de tianguis que ahora ya no existe. Guadalupe sabe que ella no tiene tantos peligros pero que debe ser responsable para aportar dinero y, sobre todo, para no llevarle el virus a la abuela.
El viernes santo fue una de las fechas más especiales para la familia: dejaron entrar a otros hermanos y cocinaron mojarras y filetes. Para todos, la muerte de Jesucristo se debe respetar, además siempre se siente bien compartir con la familia, aunque sea viendo misa en la tele. Doña Elodia se siente tranquila al saber que sus héroes la cuidan y ella busca hacer lo mismo. Lo primero que hará será darles el dinero del apoyo gubernamental cuando llegue y así poder agradecer el esfuerzo de todos sus hijos y sus nietos. Porque ante la incertidumbre, de lo único que está segura es que deben mantenerse juntos para salir adelante. ![]()






