Las familias de la contingencia

La familia Villa

La familia Villa es muy grande. En todos los sentidos. Es una familia de muchos integrantes que viven con sus propias familias en el mismo condominio, cerca de Los Sauces, por el mercado tradicional, en Xalapa, Veracruz. El abuelo, que ya no vive, les heredó varias propiedades. Unas las distribuyeron entre los hermanos y las demás se rentan, así que muchos de ellos viven de la administración de éstas. Yamileth decidió que también quería hacer algo por cuenta propia y decidió estudiar, hacer dos maestrías, ser madre soltera y meterse al mundo académico. Su voz, a los 62 años, también es grande, se escucha en toda la casa cuando da órdenes, se ríe o interrumpe la plática para dar su opinión: “Además del coche que saqué a crédito, tengo dos cuentas con otros bancos. Y yo ya les dije que no se preocupen por eso, que dinero no nos va a faltar”. Hoy, ya no tiene la misma seguridad.

Su hijo es Rodolfo, también grande: mide un poco más del metro ochenta y es de aspavientos bruscos, aunque de actitud tranquila. Es nutriólogo, trabaja en un albergue y ha pensado que si pierde su trabajo podría ir a algún hospital, pues ya vio que en algunos necesitan personal médico de apoyo. Cuando empezó la contingencia, leía el Clarín, CNN, el New York Times, y los comunicados de la OMS porque era su responsabilidad estar informado. Hoy, le hace scroll a su página de Facebook y ve algunas noticias por encima y dice que ya mejor se entera por los memes que le mandan por WhatsApp.

El resto de la familia también está convencida de que WhatsApp se ha vuelto un medio válido para estar al día. Melina, quien cumplió treinta años durante la cuarentena, dice que hasta para publicidad y comercio es una tendencia, y ella sabe porque tiene una maestría en marketing y desarrollo de negocios. Tiene dos hijos pequeños con Rodolfo y viven arriba de casa de Yamileth. Ella, como externa, piensa que hoy la familia Villa está más unida, sí, medio a la fuerza, pero unida. Y a pesar de que ella no habla tanto ni opina cuando está su suegra cerca, se siente tranquila de contar con tanta gente a su alrededor.

Se turnan junto con Jaime, Justino y la pequeña Yami para hacer el súper: Costco, Walmart, Chedraui y Bodega Aurrera satisfacen los gustos de todos. Tienen TotalPlay para que todos puedan conectarse a internet en la casa y prefieren Android sobre Mac. Usan Movistar como servicio de telefonía. ¿Herramientas financieras? Según ellos, las básicas. En caso de una emergencia tienen claro lo que harían: “Pedir créditos porque tenemos buen historial. El préstamo sería justo para no vender algo, para evitar el contacto con la gente. Estos dos créditos que te comento que ya vi, los dos ya los tengo preautorizados, los puedo solicitar vía online”.

En todo caso, si algo llegara a faltar, Yamileth brinca de su sillón y les recuerda: “No se apuren. Todavía tienen mucha madre.”