Las familias de la contingencia

La familia Olan

Chabelita, Adi, Lalo y Arturo viven en Villahermosa, en una casa amarilla decorada con flores moradas de cerámica. Estas las hizo Chabelita, ya que uno de sus pasatiempos favorito es hacer manualidades. También le gusta mucho hacer gelatinas adornadas con flores y de muchos sabores. Antes de la cuarentena las vendía afuera de una escuela para tener un ingreso extra al de su pensión. Ahora que no puede salir, se dedica a cuidar a su mamá Adi y a su esposo Arturo, quien recientemente tuvo un derrame cerebral y ahora necesita muchas atenciones.

Para ella, Lalo, su hijo, es el mayor protector de la casa ya que es quien se preocupa por todos, ayuda a su papá a hacer sus ejercicios y terapias y compra sus medicamentos. El último año ha sido complicado para la familia Olan ya que todos los integrantes enfermaron y los medicamentos especializados, cuidados particulares y enfermeros se convirtieron en gastos emergentes. Por el momento, Isabel es la única que ha podido conseguir en el seguro sus medicinas para combatir el cáncer, pero tiene que ir a Mérida, su tierra natal, a recogerlas. Desde que la pandemia comenzó en México se volvió imposible hacer esos viajes y ahora este gasto se sumó al de los medicamentos de Adi y Arturo, además, claro, del constante miedo y riesgo que sienten al saberse como grupo de riesgo.

Ante esta situación, Lalo confía en que su familia siempre ha sabido administrarse, no gastan de más y han ahorrado. Por ejemplo, antes de la cuarentena y a raíz de la enfermedad de Arturo, pidieron préstamos en un banco y en una caja popular y aún tienen guardado algo de dinero por si lo llegan a necesitar. Hasta el momento han podido pagar todos sus servicios, la despensa, los medicamentos y la mensualidad del coche de Lalo. Su hermana los apoya con vales de despensa, dinero y productos de higiene y junto a las pensiones de Chabelita, Adi y Arturo los gastos han ido saliendo.

Algo que les preocupa mucho es que su ciudad está dentro de las 5 con más contagios, entonces saben que su regreso a la “vida normal” va a tardar. Pero esto no ha afectado sus perspectivas y planes a futuro: Isabel quiere seguir yendo a cursos para mejorar sus técnicas y recetas de gelatinas y pasteles, doña Adi ya quiere regresar a su escuelita de la tercera edad y Lalo quiere hacer que su negocio de hidromiel arranque y sea todo un éxito. Para esto ha considerado solicitar un préstamo gubernamental para pequeñas empresas y tomar cursos para saber cómo comenzar a vender sus productos en Amazon.

Por el momento, los cuatro se enfocan en no salir de casa y en cuidarse. Chabe limpia la casa, hace de comer y ve sus telenovelas en su tablet. Lalo comenzó a hacer composta, a escuchar podcasts y piensa arreglar el patio en donde tienen a sus plantas y a su pavo. Adi y Arturo, apoyan y no dejan que el ánimo decaiga porque saben que pronto acabará todo y lo que hay que hacer ahora es aguantar.