Las familias de la contingencia

Se presentan a las familias que formaron parte de este proyecto, con la finalidad de conocerlas, entenderlas e identificar de qué forma llevan a cabo las acciones y estrategias económicas, de salud, de roles familiares y entretenimiento para afrontar la cuarentena y sus consecuencias.

Las familias mexicanas

El rol del apoyo incondicional

Asomarse a una ventana de cualquier casa mexicana da la oportunidad de ver pedazos de vida cotidiana que encierran aprendizajes, estrategias, formas de administración, maneras de ver la vida e imaginarios sobre cómo vivirla. Es observar una cotidianidad que reproduce comportamientos que, a su vez, dejan de manifiesto los códigos y mecanismos para tomar decisiones. Durante estos últimos meses, nos asomamos a las casas de 23 familias mexicanas.

Hablar de estas familias es, de cierto modo, hablar de todas las familias mexicanas. Desde una perspectiva metodológica y cultural, las personas de este seguimiento, sus contextos, conductas y conexiones con otros fenómenos sociales son arquetípicos. Esto quiere decir justo eso, que al entenderlas a ellas se entiende a la generalidad de las familias de nuestro país. Matices como el nivel socioeconómico y cultural, el número de miembros en el hogar, los momentos de vida y los avatares regionales son ingredientes que se le añaden al análisis, son el ángulo con el que se mira una misma fotografía.

Así, con estas entregas hemos aprendido, desde Baja California hasta Mérida, que la resiliencia es solo una manera formal de llamarle a un estilo de vida al que las familias no solo están acostumbradas sino que sirve para demostrar sus valores más arraigados; que da miedo perder el dinero pero da pavor no tener los medios para conseguirlo, ya que si existen los medios solo hace falta mi empeño y mis ganas; que se pueden tener distintas posturas políticas pero lo más importante es el bienestar familiar, casi siempre expresado a través del entretenimiento, las tradiciones y el dinamismo de los roles que permiten la continuidad de vida; que para aceitar los engranes de la economía familiar se pueden resignificar conceptos como el ahorro o la deuda siempre buscando estar listos (que no es lo mismo que estar prevenidos) y esto lleva a concluir que dichos conceptos no son -ni deben ser- estáticos desde un punto de vista institucional; que la jerarquía de prioridades no tiende a cambiar mucho, simplemente la manera de satisfacerla sí varía.

El futuro se comenzó a acercar de manera imponente. No solo la adecuación a plataformas digitales fue una necesidad, también apresurar el uso de fondos de dinero, revolucionar la máquina del emprendimiento, pensar a corto plazo con objetivos concretos, educar a los niños en su proactivismo familiar, reforzar lazos sociales que funcionen de “herramienta anti-vulnerabilidad”. Curiosamente dicho futuro no está pintado de coronavirus. La enfermedad es un medio, no un fin. El virus es un catalizador que pone a prueba las estrategias del mexicano, a diferente nivel y con diferente intensidad.

Esto, la pandemia, está lejos de acabarse. Pero más lejos de acabarse está la solidaridad de las familias, su intención de replantearse la cotidianidad a partir de la necesidad de seguir adelante y la potencia que el estar unidos puede significar para generar tranquilidad (sí, a veces débil pero nunca falsa). La familia mexicana y su rol de siempre apoyarse… tantas noticias e información, pero por las ventanas no se ve a nadie con la cabeza abajo.