Cronología de la ausencia

Cronología de lo sucedido desde los ojos de las familias mexicanas, por un lado, la información y acontecimientos que sucedieron, así como los elementos que las familias comentaban que faltaban (acciones, productos, respuesta, estrategias) y que nos pueden ayudar a comprender las evaluaciones y expectativas que se formaron como reacción sobre la pandemia COVID 19.

Última actualización

  • 24. Dudas

    ¿Qué sucedió?

    La lógica de la semaforización no da claridad sobre lo que se puede esperar o cómo se tiene que actuar distinto de un momento a otro, incluso se piensa que es contradictorio pues tanto en la jornada de sana distancia como en las últimas semanas no se ha visto coordinación entre las acciones que se comunican con lo que se ve en la calle; el tianguis nunca dejó de ponerse y existen tiendas que nunca cerraron frente a las indicaciones. A esto se suma que llegaron otras contingencias, como la lluvia o la enfermedad, y se tuvo que actuar para resolverlo. Las familias empezaron a normalizar la nueva situación como algo que correrá paralelamente a las nuevas preocupaciones que se presenten y se quedaron con la duda de si realmente la contingencia estaba dominada, no sólo en el ámbito de la salud, sino en las otras esferas que pudieron haberse preparado en los meses de cuarentena.

    ¿Qué faltaba?

    Aunque exista una perspectiva incierta sobre lo que viene, las personas han empezado a marcar un nuevo horizonte: “cuando todo termine”, sin que haya fechas ni expectativas ante ello, les sirve de alivio frente a lo desconocido. Aunque sigue faltando perspectiva sobre qué se espera de ellos y de los otros, ¿es bueno regresar a las actividades cotidianas?, ¿es mejor seguir en casa o salir?, ¿cuánto tiempo más para la estabilidad? La agenda para el futuro no tiene que ver con atender lo pausado, sino integrarse de la mejor manera a las formas de trabajar, de socializar e incluso de procurar la atención individual.

  • 23. Permisividad

    ¿Qué sucedió?

    Ante la inconformidad de ausencia de un plan de integración efectivo, las familias pasaron a una suerte de atención sólo al círculo cercano, pues con ellos sí se pueden coordinar y cuidar; se refuerzan acciones si lo ven necesario o se permiten algunas cosas, mientras quede en familia, como las visitas o reuniones. Pareció que mientras se vea en el otro las medidas de confianza, es posible abrir un poco más el círculo de seguridad: la tienda que pone hule en la entrada, el familiar que ha apoyado económicamente, el hijo que va y hace el mandado por los otros, los compañeros que portan mascarilla, etc.

    ¿Qué faltaba?

    Faltó generar estrategias reales y no prescriptivas, además de una clara actividad de seguimiento y vigilancia en las diversas ciudades donde personal administrativo y de seguridad pública verificaran que todo se sigue al pie de la letra para poder convivir no sólo con el coronavirus que ya se ve como algo cotidiano, sino con las personas y su manera de llevar esta pandemia. Se espera que alguien logre coordinar la energía y esfuerzos de los que “sí siguen acatando las indicaciones”, para que no se vea en vano todo lo que han sacrificado por su bienestar.

  • 22. Desarraigo

    ¿Qué sucedió?

    Las familias ya tuvieron casos cercanos de contagios de COVID, incluso ya se habló de decesos conocidos, además de temor esto generó que sintieran una pérdida de lo que consideraban más seguro: sus costumbres y rituales. El no poder ir a dar el pésame, el que no se puedan abrazar o que la ayuda se vea como una carga se vive como una ruptura profunda y brusca. Ante ello, el consuelo es que la situación es quien los lleva a hacer las cosas de diferente manera y “cuando todo termine” podrán ir a ver y abrazar a sus familiares y amigos. El momento de tensión se vivió y generó una noción de descolocamiento general, sobre todo por el aviso previo de retorno a la “nueva normalidad”

    ¿Qué faltaba?

    De manera emocional, tener la capacidad de entender la ausencia y la clausura de seres queridos. Por otro lado, faltó el anticipar de una manera más práctica y concreta las alternativas a lo que se está viviendo; tal parecería que difícilmente se pensó en que las familias y sus allegados pudieron verse afectados de tal forma. Por lo que se estuvo más a tientas en sus decisiones. Además, esperaban que las instituciones consideraran desde antes los escenarios y ofrecieran medidas tanto económicas, laborales y de salud. El círculo de acción pareciera que se hizo cada vez más chico y de menor alcance con la muerte rondando cerca.

  • 21. Crítica

    ¿Qué sucedió?

    Los mexicanos al observar la manera en la que se está regresando a la “nueva normalidad” vieron una ruptura entre lo que esperaban por la falta de estrategias. Hay una crítica por la desincronización de comunicación y medidas ejecutadas por la sociedad y las vigiladas por las autoridades. No sólo se esperaba que fuera ordenado, sino que hubiera una actitud distinta de distintos actores: empresas, instituciones, medios, vecinos, etc. Razón por lo cual actualmente los mexicanos están generando críticas a lo que consideran una falta de cuidado y empatía que pueden traer consecuencias negativas para todos.

    ¿Qué faltaba?

    Faltó un líder o responsable que pueda condensar y dirigir las acciones en este momento. No sólo desde la plataforma política, sino desde la empresarial y laboral. Se espera a alguien que ponga los límites entre lo que se puede y no se puede hacer, además de que tenga la legitimidad para ser acatado. A su vez, existía la expectativa de observar en las calles medidas de cuidado, tanto de las personas como de los comercios, ver el uso de cubrebocas, no ver tanta gente en la calle, el uso de alcohol en los establecimientos, etc.