Comercio en México: Central de abastos CDMX

El miedo y su asimilación



Como una respuesta a la inestabilidad y consecuencia del miedo, los comerciantes recobran su rumbo para no hundirse en la tormenta comercial que arrastra la pandemia en México.

La semana que pasó fue cruda y los negocios cerrados fueron su mayor testigo. En la Central de Abasto hubo un encuentro con el paro de actividades de muchos comerciantes y, sin embargo, a días del anuncio de la semana con mayores contagios y de las noticias sobre decesos en la CEDA, la actividad comercial comenzó a respirar nuevamente. Hay un movimiento casi cotidiano de las ventas, aunque un ruido sordo de trabajo. Sólo hay eso, actividad, esfuerzo y atención al cliente. En el humor de las transacciones se ha apagado la alegría del bullicio mercantil y parece que simplemente se atiende la jornada.

Clientes y comerciantes mencionan que aquellos que faltaron lo hicieron por miedo. No obstante, en ellos hay un ápice de resignación a los hechos y también del vivir con la enfermedad y sus consecuencias. Además, al no haber una fecha clara para el fin de la pandemia, han asumido que su futuro a corto y mediano plazo será trabajar con inestabilidad, circunstancia que ha sido descrita por ellos como su nueva normalidad.

Ahora, acostumbrarse a vivir en desequilibrio se asume como una realidad y no como un supuesto de la crisis en México. El coronavirus revivió una flama que entre cenizas daba vida a un país y que ahora se sostiene como un acto emocional: la valentía. Las consecuencias de la pandemia que cortaron un tajo del comercio mexicano concedieron en el miedo la facultad de productividad, que hace comprensible las motivaciones y las acciones que reverdecen la sobrevivencia y continuidad del patrimonio mercantil.

El pequeño repliegue del comercio por el miedo ayudó a manifestar en las personas sentimientos de firmeza, coraje y no condescendencia ante la circunstancia, como facultades que explican su hacer laboral y la forma en que deben posesionarse de los próximos meses. Los comerciantes y trabajadores reconocen que la pandemia en el futuro cercano no se guardará como ellos lo hicieron, debido a que remanece aun en el aire y el sentir de las personas. Su presencia no es un problema que se acabe con una vacuna, porque ya se ha sembrado una forma de vivir y atravesar la época que se vive actualmente.

Esta perspectiva si bien parece problemática, permite entender la naturalidad de los comportamientos emocionales y la distancia con que se asumen los problemas. En este caso, el trabajo es una disciplina que claro, vive porque las cuentas por pagar no fueron parte de los decesos locales. Al contrario, se comportan como un geiser que emana con diverso poder, pues algunos negocios retratan sus bodegas con sobre abasto, con desequilibrio entre los precios y más claro aún, con números que no anuncian ganancias por el remate de algunas mercancías. De ese modo, en la voluntad del miedo, los comerciantes prefieren no guardarse, porque ese impulso no puede ser sometido en esta tormenta por el imperativo del dinero que necesitan mantener.

En sus palabras

No hay retos, hay ventas. El trabajo es diario y uno debe ponerse chingón todos los días. Yo debo ponerme las pilas todos los días, venda yo poco o mucho. La venta es así. A veces acabo todo y a veces como hoy, está muy tranquilo. Ahorita voy a mi casa y me echo un baño. Ya mañana veo cómo nos va. Quizá estos meses va a estar así tranquilo, pero yo ahorita no puedo pelear contra lo que sienta la gente y menos contra el virus. Sólo puedo batallar conmigo.

Arcadio, 58 años, comerciante de canela y especias

Francamente esto es un miedo que le dio a la gente y si usted tiene miedo pues no va a rendir. Si tú te agarras los huevitos y te cubres como es debido, aquí vas a salir adelante. Es lo que ahorita podemos hacer porque desafortunadamente esto no ha parado y no se sabe para cuándo acabe.

Fidencio, 44 años, comerciante de manzanas

Está viéndose todo afectado. Nosotros como comerciantes lo vemos porque las bodegas están sobrecargadas de mercancía, los clientes están bajando. Nosotros con los ajos yo creo que nos fuimos 25 o 30 pesos para atrás con el precio. Estás hablando que el ajo está a 80 pesos el kilo y con esto pues se detiene todo. Financieramente estamos muy afectados porque estamos dejando mucha carga tirada en el campo. La cebolla la estamos dando a uno cincuenta, estamos hablando que eso te sale el costo al que lo compras. No estamos ganando nada. Y ahora si no vendemos la inversión se va a ir al carajo.

Jairo, 32 años, encargado de bodega de cebollas y ajos

Lo difícil es que mucha gente no puede ahorita mover sus mercancías y hay muchas cosas en las bodegas. Yo pienso que hasta finales del año esto va a estar disparejo, porque nuestros clientes ya van a traer temor. Sí van a venir, pero mucha gente va a tener miedo. Más bien ya tenemos que acostumbrarnos a esto.

Ramona, 42 años, encargada de negocio de carnes frías