Comercio en México: Central de abastos CDMX

Para volver avanzar hay que descolocarse



La pandemia recordó a los comerciantes una necesidad que habían olvidado con la bonanza del dinero: el reajuste cotidiano del comercio.

Conocimos a Heriberto durante el trabajo de campo. Él tiene un negocio que comercia sandías y a sus 45 años, había convertido sus ahorros en una inversión próspera. Tanto ha sido su éxito para él, que en los últimos 5 años se permitió comprar dos viviendas cerquita de la central. Una en Iztapalapa y la otra en Iztacalco. Para ello, cada día al cerrar y después de almorzar tarde, hacía restas y sumas de lo vendido. Hurgaba las páginas de su libreta revisando viejas ventas y buscaba entre sus contactos los teléfonos de los proveedores que le surten de los estados de Veracruz y Oaxaca.

En sus cuentas todo parecía seguro y sus ahorros, eran más que prometedores. Sin embargo, con la llegada del coronavirus, la estabilidad fracturó su negocio. Ahora, los pequeños cálculos en su letra pequeñita concentran un tipo de deseo e imaginación con los que mejora su presupuesto, porque ahora vive con un déficit permanente. Apenas sale para conservar el almacenaje y el pago de salarios; lo necesario para no echar en saco roto el esfuerzo de años y contactos que incluso se han convertido en amistad.

Con el negocio, la familia de Heriberto imaginaba un viaje a Europa, como lo venían haciendo muchos compañeros comerciantes. Ahora, prefieren quedarse en casa y trasladar el sueño para el futuro, porque deben pensar cómo administrar su dinero, ya que más que nunca, es un momento donde cada peso no gastado, es un peso invertido. El dinero que busca tener, ahora debe ponerse en distintas canastas para que no se quede sin margen de maniobra como se siente ahora sólo con las sandías. Por ello, ha comenzado a hablar con agricultores recomendados, uno le vende sandías chiquitas para las nuevas familias que no quieren tener hijos. Otro le ofrece frutas “exóticas”, peras de Taiwán, pitahaya dragón y una fruta que llama linterna china; frutas que cree prometedoras para gente moderna.

En esta idea de renovación, él y su familia piensan que así será la nueva forma en que tendrán que moverse. Deben ser más ágiles con sus decisiones y menos cómodos con los beneficios que les genera la acumulación de dinero. Los pesos que van llegando a sus alcancías ya no pueden quedarse parados, pero quieren ser ellos los que administren su lana con comercio porque es lo que saben. Ahora no piensan en apoyos financieros, primero porque la palabra no empatiza con los significados que tienen de los que ayudan, porque sólo buscan su conveniencia: política y efímera con el gobierno y de incremento de deuda por intereses con los bancos.

De ese modo, la seguridad financiera que busca Heriberto no sólo es una que entienda él, sino donde lo entiendan a él. Donde vean que establece acuerdos y precios que siempre se mueven, que se condicionan por los convenios morales con los proveedores e incluso con compañeros prestamistas de la central. Y es que, en los últimos años, la dirección de su negocio ha sido la administración de la flexibilidad del dinero y su ingreso. Que, como muchos negocios de la CEDA, con historias y orígenes diferentes, creció por una economía popular que se financia exitosamente en las apuestas de confianza.

En sus palabras

La verdad no hemos pensado en apoyos de bancos ni gobierno porque nosotros nos movemos de otra manera. Nos movemos con la administración de productores y todo siempre está cambiando. No podemos tener la seguridad de aventarnos con algo fijo porque ahí nadie te perdona.

Lo que pasa es que es para que te embarques tú. Que pidas dinero y te ensartes tú solo. Dicen que apoyan, pero si nos apoyaran no nos castigarían con los porcentajes de intereses. Siempre nos quieren comer con eso. Si no fuera así, quizá me apoyaría, pero nunca tienen planes a la medido.

Si ese préstamo lo quiero hacer, debo ver cómo voy a pagar. Pero si se baja esto aún más, ¿de dónde voy a sacar para pagar? Yo comencé desde diablero hace muchos años y sé que debes juntar mucho tiempo. Ganas para reinvertir y crecer el negocio. Muchos aquí también rentan y lo que les importa es sacar para eso y para su casa. En mi caso, ahorita no me imagino con un préstamo bancario porque como ves, está cabrón estas semanas.

Lo mejor luego es que te presten aquí los compañeros porque te dan chance de repente si te tardas unos días en pagar. Muchos de aquí que tenemos años de conocernos hemos avanzado así, moviendo el dinero entre nosotros. De hecho, hasta te ganas una lanita. Además, no es como que se vayan a ir muchos de aquí. Sabemos quiénes somos y muchos son familia.

Heriberto, 45 años, comerciante de sandías