Historia del futuro:
un relato de tiempo divergente

Emile Durkheim1 pensaba que el tiempo tiene vida desde lo social2. ¿Qué quiere decir esto? Que la sociedad activa un tiempo propio que se transforma cuando se autorregula. Y qué mejor momento de regulación, cuando el mundo se paró y está reiniciando en distintos momentos y realidades. Para la realidad de la Central de Abasto, el futuro a largo plazo ya es su resignación para recuperarse. No sólo en términos comerciales, sino en aspectos anímicos y en expectativas. Mientras, países europeos y asiáticos han reiniciado vida comercial, en los pasillos de la CEDA aún se siente el tiempo del resguardo. El tiempo de occidente es el futuro y para las personas, tales latitudes ya se han desfasado de los demás, tal vez no como deseaban, pero sí van ganando en la carrera de relevos.
Y es que el tiempo comercial en crisis se recrea de otra forma. En una economía con altibajos como se ha vivido en la central, no es extraño que los comerciantes se concedan un futuro individual en el que picarán piedra. Ahora la regulación se vuelca sobre lo esencial y el tiempo aquí, ha pateado de la cancha los ‘gustitos’; también los planes de los comerciantes, quienes, narran su futuro a través de los precios que vendrán y las deudas que se cargarán por meses o más, según les haya afectado la pandemia.
Desde esa perspectiva, los planes individuales parecerían la estrategia para asir el tiempo, sobre todo cuando se piensa en las finanzas y su recuperación en un presente con reglas nuevas. Por ejemplo, los comercios de verduras tendrán que resarcir los daños asumiendo los nuevos costos y las pérdidas, porque el tiempo de sus ganancias provistas ya se les fue. O también, los vendedores de semillas que, en su tiempo propio, ahora deben buscar más clientes porque su abasto es demasiado grande para ser comerciado con sus clientes habituales, que, a su vez, compran menos porque no son tiempos de ventas buenas.
Lo curioso es que esta cachetada de realidad ha llevado a pensar a los comerciantes que es tiempo de entenderse no sólo de forma individual, sino colectiva con sus compañeros y su competencia si quieren sobrevivir como espacio. Consideran planes grupales si quieren generar fidelidad y sumar clientes que también han separado su tiempo para la recuperación económica. Piensan que quizá, podrían tener un sistema de puntos, dar vales o generar estrategias de descuentos que de por sí, ya van un poco bajos. No obstante, esa realidad ahora es un plan postergado, porque ahorita las prioridades son otras: contratar o despedir gente, comprar más para almacenar o comprar en periodos más separados, otorgar crédito a clientes, ahorrar las ganancias por varios meses, romper la idea de vacaciones y trabajar mucho para que en navidad, quizá, se recuperen un poco para tener al menos, una cena justa y merecida después de un año que sólo vino a descolocar los planes, la vida y el tiempo en un futuro que posiblemente los separará más de sus deseos.
1 Emile Durkheim es un sociólogo y filósofo francés de corriente positivista.
2 Emile, Durkheim. Las formas elementales de la vida religiosa. Ed. Schapire. Buenos Aires. 1968. p. 14-15.

En sus palabras
Si tú quisieras tener un reparto, eso ocupa una camioneta, un repartidor, una ruta, exponerte a la calle. Sí me gustaría llevar mi negocio a más lados, pero ahorita no es la urgencia. Me urge más mover los chiles con que me comprometí. Antes de esto lo sacaba bien rápido pero ahorita lo que sacaba en dos días me lo echo en 4. Pa’ la otra voy a ir midiendo cómo va la cosa porque no me puedo embarcar como antes. Está bien cambiada la cosa.
Genaro, 53 años, comerciante de chiles frescos
Ahorita lo que veo es que todos debemos encausar las ventas. Debemos dejarnos de envidias porque esto desde el inicio era así. Un mercadote con muchos negocios de lo mismo. Y la central es más importante que todos. Todos quieren crecer, pero no quieren aflojar para los planes. Hemos pensado en hacer días de plaza con precios chingones cada 15 días, tener los vales o dinero de la central para que nos compren sólo aquí. Hasta esa cosa de los puntos, pero no todos tienen computadoras o las tablets. Es un sueño de muchos, pero ahorita pensarlo está cañon.
Mario, 41 años, comerciante de abarrotes
Si tú ves, ahorita cada quien la está pasando diferente. Unos ves con bodegas llenas, otros con pocas cosas. Nos vino a mover las aguas a todos. Yo que tenía mis planes para pagarle el enganche de un departamento a mi hijo que se va a casar, pues va a tener que aguantarme un rato. Ahorita, aunque se vaya recuperando el negocio, voy a tener que ahorrar por si se necesita. No nos podemos endrogar con cosas que no necesitamos porque si le quito el aire al negocio y esto se pone peor, ni para la comida, ni para los empleados, la escuela de los chamacos y el departamento va a haber. Habrá que ir sacando el lápiz y el papel.
Tereso, 57 años, dueño de comercio de embutidos y carnes frías

