Comercio en México: Central de abastos CDMX

Oscilación del hábito:
el consumo como seguridad

Con el retorno del abasto masivo de mercancías, comerciantes y clientes evidencian que la presencia de productos es la manera más simple de sentir la estabilidad.

Llegó la cerveza y como un anuncio con trompetas, se restauró el clima en la Central de Abasto. No en el sentido del bienestar, pero sí del ritmo. Para los trabajadores fue la señal de que la restauración de cotidianidad está cerca. Ya se tenía cerveza para vender y con ello los clientes arribaron con sus pedidos voraces y con ello, la vida del abasto busca no retroceder. La llama de una hoguera que se hacía pequeña revivió, pero también, ahuyentó el cuidado. Con la semana 0 después de la cuarentena devino la relajación y en los pasillos de la CEDA ya había gente comiendo en los puestos de tacos y había menos personal de seguridad y sanidad de la CDMX. La Jornada Nacional de Sana Distancia se evaporó y con ello parece que la reintegración es tan real como un espejismo.

Cabe mencionar que desde las primeras menciones del coronavirus las personas se cimbraron por un temblor que quebrantó la vida práctica y el consumo. El retorno de éste es un fundamento de la disciplina y el orden contemporáneo porque con él las personas no se preocupan de la transformación de pensamiento, sino de la consecución del pasado, eso sí, con nuevas estrategias para poder tener lo que ya se tenía. Con esta perspectiva basta observar que la ilusión de recuperación tendrá de chaperón la restauración de hábitos, no obstante, hay una contradicción en estos comportamientos de las personas porque lo que se enuncia como un cambio por la “nueva normalidad”, no es una transformación sino una ilusión de costumbres.


Dicho lo anterior, en la vida de la Central de Abasto y los diablitos que cargan la mercancía, se puede observar un respiro para las marcas de consumo porque en el abasto de comerciantes no hay cambios ni sustituciones de productos, sino búsqueda de lo conocido. Al parecer, el malestar claro será el tiempo para la estabilidad económica después de la sacudida porque en las necesidades del hogar se ubica el pasado y con ello, los hábitos de compra y el deseo de retorno a la confianza de los productos que acompañan la alacena. De ese modo, la cuestión no es la transformación del consumo, sino la reorganización de las relaciones entre clientes y productores que en este momento han detallado un camino orgánico – y necesario— para fortalecer redes sociales de consumo seguro y asegurado donde, además, la tecnología se ha agregado.

En consecuencia, detrás de lo que parece la búsqueda por restaurar la economía, se esconde una expresión de atomización del consumo como seguridad del presente. En los montículos de mercancía y los etiquetados, el consumo es un recurso y mediación en el que se produce y agiliza la clase media, tanto en sus prácticas cotidianas como en la construcción de símbolos colectivos que, en estos tiempos, expondrán a los golpeados por la crisis futura. Por tal motivo, la oportunidad – aunque trivial— se dará a través del reforzamiento de símbolos donde la expansión de consumo por diversificación de opciones y el surgimiento de posibles nuevos cortes de clases medias serán los íconos de una “nueva” modernización del consumo y restauración de la idea de estabilidad.

En sus palabras

Tú ve ahorita cómo todos están cargando cerveza. Y no se llevan de una o dos rejas, llevan chingos y de varias. Ahorita lo que les importa es resurtir lo que les piden los clientes. Hace semanas hubieras visto, venían a preguntar que si iba a llegar un producto, que si ya había otro. Andaban buscando, pero pues con esto de la parada ni nosotros teníamos [algunos productos] y si tenías, estaba más caro.

Emanuel, 32 años, vendedor de almacén y tienda de bebidas

Yo siento que esto no más va a dejar más gente jodida. Tú no lo viviste, pero cuando la crisis de los noventas hubieras visto, en unos meses la gente se vino pa’ bajo. Cerraron negocios. Yo tenía una cuñada que se sentía mucho porque le iba re bien y de repente, pum, se le quitó lo crecida. Vendió su coche para poner un changarrito que hasta ahora atiende con mi carnal. Yo les enseñé porque ya tenía un tiempo con mi tienda y gracias a dios pues ahorita ya les va bien después de tantos años. Pero yo creo que la cosa va a ser igual.

Antonio, 54 años, cliente y dueño de tienda de abarrotes

No más estaba esperando que regresara todo a la normalidad para seguir dándole. La gente se pone loca sin sus cosas. Ves que empezaron a comprar de todo cuando empezó esto y dijeras que eran cosas de casa, unos compraban helado, papas. A mí me fue bien porque me compraron mucho antojo. [..] Ahorita vine por el papel, ariel, mayonesas, atún, latas, suerox y chela. Me mandaron un whats donde compro de que ya les había llegado y hasta traía buen precio. La neta qué bueno que ya volvió la chela. Yo no bebo, pero mis clientes casi meten la lengua a la botella para secarla y han estado pidiendo mucho [risas].

Mario, 46 años, cliente y dueño de tienda con recaudería