Es una cosa difícil, difícil
Mientras pasan los días, los comerciantes saben que no hay tiempo para esperar el cambio de semáforo: deben actuar y no esperar el sueño.

Cada día se toman decisiones y la más clara contra el coronavirus, es saber cómo atenderse en el momento correcto. En muchas latitudes, el decidir se ha convertido en un dolor que atraviesa dilemas políticos, económicos, humanistas, emocionales e incluso espirituales. De modo que, cuando se piensa en qué es lo mejor por hacer en esta circunstancia es inevitable pensar en un proceso nebuloso que por razones fácticas implica un desarrollo, un plan y muchas cosas más, dentro de ellas, tiempo.
Y en tiempos del Covid-19, lo que menos parece haber es tiempo. Si no se actúa de inmediato, las consecuencias tendrán más daños colaterales. Tal como mencionan los comerciantes en la Central de Abasto, quienes viven con resignación el no haber actuado con cronómetro. No obstante, detrás de su pesar, está el reclamo al gobierno y al presidente, quienes son mencionados por estar en una realidad paralela que no los entiende y quien no los apoya en el presente. Tal sentimiento se percibe como una anulación de la historia del trabajo y la importancia de su rol en la vida comercial de la ciudad, porque hoy en día, se sienten abandonados a su suerte y a decisiones de estado inteligibles.
Y es que, dentro de la vorágine de salud, las decisiones en México demuestran una incompletitud de lo importante: regar todas las plantas del jardín. En la percepción de los comerciantes, las prioridades del gobierno tienen un discurso personal y una visión social que sólo atiende a un sector como prioridad. Dicho lo anterior, consideran que es necesario decidir no sólo el orden de prioridades, sino de urgencias comerciales generales donde claro, están todos los mexicanos, pues esto va más allá de discursos e ideologías, debido a que el covid es un eclipse.

De ese modo, la preocupación de un futuro comercial pasa por el asumir responsabilidades pronto, porque quienes ya están recibiendo los golpes, son los comercios y, por tanto, las familias que se les vinculan. Y esto, más que un argumento obvio, da cuenta de la urgencia de decidir rápido y entender que la transformación social y las consecuencias pandémicas son rápidas y frecuentes. Lo que necesitan los comerciantes es cooperación y seguimiento continuo.
Hoy los comerciantes se preocupan por las rentas altas por pagar, temen que les corten los servicios y con ello, que se pierdan mercancías, también se preocupan por afectar a las familias si es que despiden empleados y más grave aún, consideran cuanto tiempo pueden aguantar su negocio sin pérdidas y hasta la vida propia.
Lo importante es notar que las decisiones de comerciantes están caminando sobre la idea de necesidad y riesgo, y sus condiciones son lo contingente y mutable. Por tal motivo, los que se sumen hoy a la vida de las decisiones, tendrán que considerar la menor burocracia posible, porque el tiempo de ejecución para atender el futuro a mediano plazo no pasará por las oportunidades de desarrollo, ni tampoco por el largo plazo, sino con funciones prácticas, tangibles y sostenibles ante finanzas flacas. Y sí, está difícil.

En sus palabras
Hay un desmadre, estamos de la chingada porque los políticos sólo están haciendo teatro de sus partidos. El presidente igual no se lo toma enserio. Sólo quieren que los estés escuchando, aunque no digan nada que ayude. Los que se la pasan reclamando nunca los ves proponiendo algo, sólo crítica y acá la gente debe estar chingándole duro sin ayuda.
Joel, 42 años, dueño de bodega de dulces
Hay mucho peligro. Aquí venimos por una necesidad, yo vengo por eso y no por gusto. Ahorita pues los negocios que tenemos abiertos están sufriendo, no hay gente y yo tengo que pagar una renta de 21 mil pesos al mes, imagínate los bodegueros aquí. Tengo que estar desde las 6 de la mañana hasta las 11 o 12 de la noche para sacar la renta. Si se puede más para sobrellevar, pero sólo es un retazo para la ganancia porque no hay.
Fausto, 49 años, cliente comerciante en tienda de colonia
Ahorita hay un montón de locales cerrados, las pequeñas empresas están perdiendo. Tenían trabajadores y no sale. Se está despidiendo gente. Esta enfermedad sólo vino a hundirnos más. Yo tengo 70 años y me veo en la necesidad de venir aquí porque si no cómo voy a sacar adelante mi negocio y cómo voy a vivir yo si es que sigo vivo. Y no es un negocio de apenas, tengo muchos años poniéndole huevos a mi negocio y esto no es ni justo para todo lo que hemos trabajado estos años. Después de pagar tantos impuestos al gobierno, no hay apoyo. Ahorita es el momento para que el gobierno diga ahí les va una ayuda. Es cuando diría, petróleos mexicanos, que es nuestro, debería estar siendo el motor, pero se quedó sin gasolina, literal. No está dando dinero al país. Ahorita me acaba llegar un recibo de 15 mil pesos de luz y si no pago eso enseguida me lo cortan y yo echo a perder mis cosas. Toda mi inversión se va al carajo. Es algo muy difícil.
Genaro, 70 años, cliente comerciante de cremería y abarrotes en Coyoacán
