Somos lo que cargamos
En 37 años la Central de Abastos se ha convertido en un punto central del desarrollo de la Ciudad de México que impacta en la vida cotidiana de muchas familias y en la vida comercial del país entero. Al ser el segundo centro comercial del país, sólo detrás de la Bolsa Mexicana de Valores, resulta primordial observar las historias que hay en su interior, conocer el ritmo bajo el cual viven sus pasillos en donde los comerciantes, bodegueros, cargadores, vendedores de alimentos, clientes y visitantes viven un escenario social diverso que exhibe las prioridades, acciones, previsiones y opiniones sobre el fenómeno del COVID-19.
No creo que aquí se deje que se cierre, no creo que la gente deje de venir, ni cerrar. Este es el cerebro de la ciudad, aquí se mueve todo. No puede dejar de haber abasto porque la gente se queda sin comida. Mi familia se queda sin comida.
Rubén, diablero, 52 años
El COVID-19 ya entró a la vida de la central, pero no cesará la actividad. Detrás de la información del Coronavirus, de la alarma sanitaria y las compras de pánico, las personas anteponen la realidad del trabajo, el dinero y la comida. Se considera que el virus ha llegado, pero no es más fuerte que la necesidad y las prioridades de las familias. El virus existe, se habla de él, pero no es suficiente para apagar la máquina.

No esperan nada del gobierno, no le depositan expectativas y aunque se quiera parar, en México eso no es posible; pasó la influenza en 2009, el efecto tequila del 94, el terremoto del 85 y la gente ha salido a buscar dinero para sus casas. Se sabe que el riesgo no es de salud, sino financiero, y por eso la crisis se confronta moviéndose. Hay desconfianza en el gobierno y contrario a lo que parece, lo que se quiere es menos información y más indicaciones, porque hasta el momento solo hay alerta y precaución, pero no mensajes de peligro.
Si no ven o escuchan el problema de cerca, el suceso no es verosímil. La gente ve cifras, pero no ve a los afectados, ni los espacios médicos existentes, ni los protocolos, a esto se suma la percepción del poco rumbo con que se ha dirigido la atención sanitaria, lo que fortalece el rumor de una artimaña política, además de la nula preparación ante una crisis de salud. ![]()
Ahora sí quieren cerrar todo, pero ah, eso sí, que pase el vive latino. Si fuera más grave, tú lo cierras. Eso es un favor que le hizo a alguien. La gente en las playas también, si fuera tan grave, uno cierra las carreteras y que nadie entre. Dicen que hasta el 20, pero es una pandemia. ¿apoco el virus nos dice, me voy a esperar? Me la imagino así detenido, yo así como enfermedad, entro hasta el 20 que dijeron. Si en verdad está tan grave, empiezo a tomar acciones, yo no me espero. Con la influenza a mí en lo personal nunca me tocó ver ni saber de ningún caso. Ni de conocidos ni de que alguien aquí me contara que alguien tuvo influenza. Y mira que cuanta gente se mueve aquí diario. Y ahorita es lo mismo.
Karla, vendedora de cosméticos y farmacia, 32 años


