Comercio en México: Central de abastos CDMX

Una cápsula de comercio
e información

La información sobre la pandemia parece una cascada donde todos se empapan, pero también están a los que el agua sólo salpica: la gente que vive en la central parece ser de los segundos.

No cabe duda que la información sobre el COVID-19 es un río rápido. En distintas latitudes y horarios la narrativa se complejiza y actualiza. El poseer los últimos datos parece necesario y genera tranquilidad en algunas personas, así como ansiedad en otras. En las últimas semanas las personas que habitan la central han dado cuenta de conocer del tema, sin embargo, la realidad es que la Central de Abastos es un pequeño mundo que contiene su propia realidad dentro de sus muros. En su comercio y sus necesidades. En el trabajo y el dinero que cae y se busca. 

¿Pero esto es algo extraño? De primera mano parece algo sumamente extraordinario ante un evento de tales magnitudes, no obstante, la cotidianidad de los comerciantes es el movimiento, el cambio y la adaptación. Se actúa a través de las necesidades de muchas personas en el país. Y aun cuando los síntomas de la pandemia han tocado la puerta al bajar la afluencia de clientes, hay un aspecto sumamente interesante: la información del problema de salud es secundaria frente a la necesidad de conservar la comunicación del comercio. Sí. Con los proveedores, con los productores, con los transportistas, con los empleados y con los clientes. ¿Cuántos camiones de cebolla van a enviar? ¿Si va a venir? Aquí lo espero. 



Parece haber una paradoja entre la información y las prioridades del mundo, la salud y la crisis se ven minúsculas desde el cerebro comercial de la Ciudad de México. La gran pandemia no rompe las condiciones y prioridades de ese espacio y si bien se habla de preocupaciones sanitarias y problemas económicos, la cadena de comunicación está encapsulada por el comercio y da continuidad a la realidad de la chamba. 

Bajo ese escenario cabe aceptar que hay cierta lógica. Las personas resuelven su cotidianidad ahí, al interior de las naves de productos y así como compran la despensa, pagan los servicios de casa y hacen transacciones en los bancos también construyen sus espacios rodeados de los amigos y la familia. En estos momentos el trabajo consiste en estar listos, esperar a que entren los camiones, los clientes y ser el primer negocio que elijan. 



Del mismo modo, cabe reflexionar sobre las autoridades que dan rumbo a la apertura de los locales. El gobierno de la ciudad no les ha pronunciado indicación alguna o no la han escuchado. Tampoco han sido notificados por los dirigentes oficiales del espacio, ni tampoco por el presidente. La Central de Abastos vive su realidad y su orientación a través de lo que sí controlan y buscan: las mercancías. 

Bruno Latour, antropólogo y sociólogo francés, mencionaba que las personas tienen la posibilidad de aludir a su realidad saltando a las escalas y marcos que le son próximos. Y en este caso, hay mucha razón para observar que los comerciantes han asumido lo que mejor hacen en el lugar donde viven. Trabajar. Buscar al cliente. Hacerle un zoom y no perderlo de vista. Permanecer para cuando llegue. Es más: “ese Coronavirus ni se ve”