Comercio en México: Central de abastos CDMX

Los olvidados

 “El gobierno no ayuda a los que vendemos lo que los mexicanos necesitan.
Si paramos no comemos muchos. Yo tengo que buscarle y por eso el trabajo sigue normal.
Acá entra mucha lana y nos tienen olvidados”.

Dueño de negocio de chiles secos y especias

Los comerciantes de la Central de Abastos definen su estabilidad: si queremos salir adelante no podemos esperar al Coronavirus ni al gobierno ni a nadie. Las acciones para confrontar la futura sacudida económica para México se comunican. Se habla de no derrumbar la confianza de los inversores y del préstamo que debe ser solicitado al Fondo Monetario Internacional, todo en un discurso que habla en el “código del sistema”, pero al parecer nadie habla, todavía, en el código de las preocupaciones de quien comercia con monedas y billetes.

En la Central de Abastos, parece no haber rumbo ni estrategias de apoyo exterior. Los comerciantes parecen subir a una ola sin timonel y las circunstancias del trabajo se convierten en batallas personales. No hace más de tres semanas la central sufrió un percance donde se derrumbaron los techos de algunas naves. En el evento, la zona fue acordonada y dispuesta a reparación pero sin una fecha de entrega. Los afectados tuvieron que dedicar recursos propios para hacerse de carpas gigantes para seguir comerciando pues no les fue ofrecida alguna indicación ni ayuda oficial.

Los comerciantes perciben que actúan solos ante un problema que al ser catalogado de salud pública tendría que tener como prioridad a los alimentos y su abastecimiento. Sin embargo, depende de ellos y su trabajo mantener a flote sus negocios y esfuerzos. La liga de comercio en la que juegan se percibe que no es importante ni para el gobierno, ni para algunos proveedores. Para ellos, que ya notan la tormenta en sus bolsillos parece que van perdiendo el partido por default.

En el área de hortalizas se ha hecho lo posible por comprar la mayor cantidad de mercancia a los productores que rematan todo a pesar de que sus camiones están a la mitad de capacidad. Dicen que prefieren vender barato a quedarse sin un peso porque no cuentan con seguros de venta. Los comerciantes de abarrotes, de la misma manera, consideran que no se les apoya. Agradecerían vigilancia y supervisión ante la especulación de las marcas, pues los micro incrementos a los precios les comen la billetera y ahuyentan a los clientes. Y como ellos, también están los preventistas, a quienes se les deposita menos de 100 pesos para comprar gel, guantes y cubrebocas para salir a trabajar lo que dure la contingencia. Los comerciantes se reconocen y se resignan como olvidados minimizando el problema mientras lo cargan. Quienes tienen una flota de trabajadores en sus negocios, los que atienden y caminan con sus diablos rebosantes de mercancia, los que en sus bodegas guardan bultos y cajas ahora se encuentran desubicados porque los comunicados importantes parecen no ser para ellos, los cuales sólo necesitan una señal de alianza. De sus líderes, de su gobierno o de sus proveedores, de alguien. Porque de lo único que están seguros es que el trabajo lo ponen ellos.

En sus palabras:

Los proveedores están al tiro porque nos necesitan, pero hemos tenido problemas. Está habiendo un colapso. Mis proveedores están trayendo menos y se la juegan para ganarse algo en lugar de que se les eche a perder su producción. Los camiones han llegado a la mitad, a veces con un poquito más. Los alimentos frescos no levantan. Sin exportaciones ni movimiento todo se está echando a perder y nadie ayuda a esos agricultores. Los que se aprovechan son los de mercancías de despensa, de abarrotes. Las marcas han subido sus precios y nadie les dice nada.

Bodeguero de lechugas, apio y espárragos



Lo que viene es lo más pesado. Ahí por julio, agosto. Por eso también hay que estar preparados. Ahorrando dinero y ser fuertes. Chambeando, aunque no se nos eche la mano. Porque en una de esas y hasta otra guerra se viene, la de la falta de dinero.

Dueño de negocio de semillas y granos



A nosotros la marca nos ha apoyado con nada prácticamente. Ni cubrebocas ni guantes nos dieron. Sólo nos depositaron 30 pesos para un gel y ahorita ni eso cuestan. Nosotros estamos todo el día en calle con clientes y sí te sientes distinto sin protección.

Preventista de marca de café