Toc Toc, Tic Toc
El coronavirus tocó la puerta de la Central de Abastos con el anuncio de contagios locales y el tiempo del comercio se contrajo: la impronta ahora es aguantar.

Todo llegó tarde. Las medidas preventivas obligadas, las decisiones de las autoridades de la central, la presencia activa del gobierno, la ruptura de los mitos y la información de los afectados por el COVID-19. Los incrédulos comienzan a bajar la guardia por la presencia de personal de asistencia a la salud que pide colocarse el cubrebocas, tomarse la temperatura y frotarse un poco de gel en las manos. Estos últimos, con sus chalecos verdes, también llegaron tarde aunque oficialmente mencionan su presencia desde días pasados, pero los trabajadores los desmienten. Incluso los medios televisivos llegaron barriendo la nota, ahora deambulan buscando la confirmación del virus. No cabe duda de que se puso la alarma del ahorita y el ya merito, mientras que el virus tocó la puerta y colocó su reloj.
¡Toc Toc! Al principio nadie abrió y la pandemia hizo como que se fue, sin embargo, sólo se fue a dar una vuelta para ver si la veían. Ahora que la escucharon, los habitantes de la CEDA perciben miedos y angustias a los que antes parecían inmunes. Las noticias sobre los compañeros infectados cayeron como agua fría diluyendo el ánimo de las personas. ¿Sienten miedo? Sí ¿Se sienten seguros? Ya no tanto. Mencionan que ahora es una pandemia del miedo porque los clientes, aunque han disminuido, siguen caminando por decenas. El temor que se suma es el paro de actividades, el cual ya no entra como medida preventiva, sino que se considera una posibilidad por tener al enemigo en casa.
Las indicaciones oficiales y acciones salubres se requerían, al menos para sentirse cuidados y más fuertes. No obstante, con la nueva información y medidas preventivas, el chip del trabajo se modificó porque las decisiones ahora están del lado de las autoridades y ya no tanto en las manos y el cuidado de los comerciantes. El COVID-19 se apoderó del espacio y quien aquí trabaja sabe que de no controlarlo se desatará una cadena de eventos desafortunados. Dentro de ellos, los obvios, las pérdidas económicas y los ingresos de las familias de trabajadores se verían afectados, los más catastróficos, que los productos empiecen a escasear en la ciudad.
Les resulta paradójico que, por ahorrarse unos pesos en cubrebocas y material sanitizante, las pérdidas que se tienen ahora y las que podrían suceder en un caso hipotético, podrían costar millones. Además, también se reclaman y reflexionan las prioridades, debido a que las acciones parecía que sólo se enfocaban en lo económico. Ahora se lanza esta responsabilidad a la administración por pensar sólo en la continuidad de las ventas y secundar a las personas. A pesar de ello, no cabe en las personas más que la aceptación y el continuar con el negocio, ahora con sus respectivas precauciones. Se saben ahora notificados y prevenidos por lo que aguantar ya no sólo será una voluntad, sino una condición de supervivencia del negocio, el patrimonio y las familias. ![]()

En sus palabras
Sinceramente nos va a afectar, pero es necesario tomar todas las medidas, si se cierra, ni modo, porque mucha gente de aquí sí se está enfermando, si no se toman medidas fuertes esto va a ser cosa de nunca acabar. Y yo creo de verdad que hay muchos casos aquí que no se han avisado, no más de repente ves que disminuyen los trabajadores. No sé si los despidieron, si les dieron descanso, pero está raro. Yo lo veo porque yo ando de local en local colocando mis ventas.
Gloria, preventista, 38 años
Lo que estamos viviendo es una consecuencia de la omisión de información de los responsables de la central. No nos dijeron lo que es y el panorama completo que ya se sabía, como, por ejemplo, primero decían que no era verdad y la gente no hizo mucho caso. Si te das cuenta, ahorita ya todos traen su cubrebocas. Sólo veían este lugar como un negocio y era lo que les importaba, la venta, no la salud ni los compañeros que trabajamos aquí. Dejaron que entraran familias completas, niños, viejitos, bebés. Sólo se expuso a la gente.
Sarahí, hija de la dueña de negocio de especias y chiles secos, 32 años
La primera semana nadie hacia caso ni tenía miedo, así nos la campechaneamos. Pasó el tiempo y se tomaron medidas. Y ahorita mucha gente está preocupada y tiene miedo, más porque ya vieron que el gobierno de la ciudad implementó unas cositas y andan con sus chalecos. Sí te saca de onda. Hasta uno se siente tonto porque decía que esto era una conspiración.
Alfredo, trabajador de negocio de frutas y verduras, 30 años

