Comercio en México: Central de abastos CDMX

Miedo y silencio



El sentimiento de miedo en la Central de abastos demuestra un temor no sólo corporal, sino también social. Saber que la muerte ronda los pasillos es un suceso que antes sólo vivía en la imaginación.

La ausencia que se vive hoy en la Central de Abastos expone un miedo que antes parecía ser pura conspiración. Los pasillos tienen pocos clientes y algunos negocios han decidido cerrar por decisión propia. Hay murmullos que entre sílabas nombran a los compañeros que se han dejado de ver y los que se sabe están enfermos. También se habla de los que ya se fueron a descansar y no volverán.

El miedo se siente y se expresa. Las personas no están seguras, pero asumen que no pueden dejar de trabajar por aquellos que cuidan y deben de proveer. Algunos usan guantes, unos más portan doble cubrebocas, otros han dejado de comprar alimentos y evitan platicar si nada les cubre el rostro. Antes de su llegada, la enfermedad era algo poco posible que permanecía en la imaginación, era una condición sobre lo no vivido, distante y que sólo pasaba en ciertos países. Un evento de tal magnitud era una ficción del pasado, aquel que los humanos domaron con el tiempo y la ciencia.

Ahora que el coronavirus se anunció, es inevitable no reflexionar sobre la crisis, la incertidumbre y el temor contenido en el espacio comercial. Adolece el cierre de negocios, el no poder cargar las mercancías de los clientes porque estos ya no están y el saber que muchos compañeros ya no volverán. El miedo se ha revelado de forma silenciosa sobre los contagios, las muertes y la resignación por el poco dinero que caerá al bolsillo.

Esto es consecuencia de la falta de seguridad. Aunado a las evidencias médicas, la coyuntura hace que el miedo se sienta ante el poco bienestar inmediato. Las personas que viven al día, sea a través de sus oficios o en la posesión de grandes bodegas, muestran a contraluz la fragilidad de los soportes del trabajo propio y la precariedad de las condiciones de su funcionamiento.

Hoy, el comercio de la central tiene miedo y está en silencio. La vulnerabilidad crece, el tiempo y espacio se distancian y se desplaza la idea de “futuro como promesa [de mejora] a un futuro incierto o directamente como amenaza y riesgo”[1]. Lo que se juega ahora es el presente como un contrato secular de la seguridad creada por los comerciantes y la presencia de sus aliados (familia y proveedores), así como en las decisiones que se asumen como únicas.


[1] Beck, Ulrich. Modernización reflexiva. Política, tradición y estética en el orden social moderno. Alianza, Madrid. 1997.