Una cuarentena, diferentes salidas, muchas preguntas

“Creo que no pudimos ni podremos contra la pandemia”.

Fernando, 23 años, Veracruz

La normalidad que se ha calificado como “nueva” alcanzó a los mexicanos, pero la realidad es que pocas cosas están siendo como antes. Ahora hay acciones y aprendizajes que se deben convertir en nuevos hábitos, las preocupaciones han aumentado y alcanzado aspectos y escenarios que antes no significaban angustia ni temor. Al inicio de la cuarentena las dudas se proyectaban hacia el futuro, ese futuro llegó y se cuestiona todos los días.

El primero de junio era una fecha que se esperaba con ansias, después fue el 15, ahora lo que se espera es entender las instrucciones de uso del semáforo, de la vida afuera de casa y de las técnicas para seguir manteniendo a salvo a los más vulnerables ahora que “todos están saliendo”. En el imaginario del mexicano con el fin de la cuarentena se esperaba el final del virus, de los contagios y las muertes, pero la realidad es que cada día las personas asimilan, o mejor dicho, se resignan a que la pandemia seguirá y al parecer por varios meses más. Mirando en retrospectiva, las familias que Repliegue visitó durante tres meses vivieron de forma particular la cuarentena, sus consecuencias e incidencias: desde el ajuste de hábitos de limpieza y nuevas formas de convivencia familiar, laboral y escolar, hasta la forma en cómo ante una situación de crisis la perspectiva del ahorro cambió y la necesidad de eficientar recursos resultó más eficaz que cualquier campaña de concientización sobre el tema.

En este proceso de asimilación, la incertidumbre ha sido la única constante en el cotidiano de las familias. Las certezas que había antes ya no están o se ven lejanas, las rutinas diarias ya no pueden hacerse de la misma forma y esto ha generado un ambiente de desesperación in crescendo dentro de casa y fuera de ella. A esto se suma la gran cantidad de información sobre lo que es correcto hacer y lo que no, lo que se debe hacer dentro de casa y aquello que hay que evitar al estar en la calle.

Desde la mirada incierta y desesperante con la que los mexicanos ven su contexto, se percibe el exterior como un ambiente amenazante y con poca claridad sobre lo que debería hacerse para regresar a la nueva “normalidad” en un país donde existe un alto riesgo de contagio. Las familias comienzan a hacer el recuento de los hechos y se preguntan: ¿Qué pasó con el aplanamiento de la curva? ¿Cuándo comenzarán a disminuir los contagios? ¿Por qué ya podemos salir si hay más muertos cada día? ¿De verdad valió la pena encerrarme tanto tiempo?

A estas alturas no se ve ni un ápice que indique hacia dónde vamos, es más, no se ve con claridad dónde está el túnel para poder buscar ese pequeño destello de luz que indique el norte, y es por ello que empiezan a surgir dudas razonables en las familias con respecto a las decisiones que tomaron. Si fue lo correcto o no, el tiempo lo responderá, lo que sí les queda claro es que no hay indicios de mejora. ¿Por cuánto tiempo permaneceremos así? En las calles y las casas se puede ver a muchos que evalúan si es mejor arriesgarse para comenzar a “normalizar” su vida y no asimilar la nueva “normalidad”, que no es lo mismo. Durante estos tres meses, Repliegue buscó entender las reacciones que el mexicano tuvo y ha tenido ante la crisis y el miedo detonados por el COVID-19 y la cuarentena. Ahora se cuestiona cómo será el escenario de “normalización” de la vida, ya que esta ha sido una estrategia constante para aprender a vivir con los riesgos cotidianos. Se normalizó el contagio de influenza H1N1, la inseguridad por el crimen organizado, los asaltos, terremotos e inundaciones y las crisis económicas severas. En un país como México parece que aprender a vivir en situaciones de riesgo y generar estrategias para mantener el bienestar familiar es parte de lo que se debe hacer todos los días.