El retorno a las actividades ha resultado confuso, tanto que las personas se preguntan si se trata de una fase de la que no sabían. Ante esto, piden aclaraciones.
Cuando inició la pandemia, se podría decir que hubo un ejercicio de investigación, en el que se buscaban datos que dieran cuenta de la realidad. Ahora que se está regresando a las actividades, el relacionamiento con la información ha cambiado, las personas ya no necesitan creer, porque los datos se han convertido en historias sobre contagios de familiares o personas cercanas.
Así la familia Brenes de Mérida y la familia Ramos de Veracruz, describen la nueva normalidad como un discurso de convencimiento por parte de las autoridades que –una vez más— no empata con la realidad que se está viviendo. Ahora que hay mayores riesgos, se les dice que salgan de casa y lo más importante, el trabajo que es la principal actividad que desean realizar, es también sobre lo que sienten mayor incertidumbre. Hoy por hoy, parece que es lo que menos depende de ellos mismos.
Su temor actual se basa en pensar que dependen de diferentes instancias para recuperar su anterior realidad. Una de ellas, son las autoridades federales y estatales, de las cuales esperaban información clara para salir de casa e indicaciones precisas de cómo se reactivarían los empleos. Sin embargo, al poco tiempo se les encontró poco cercanas a la situación de la población, e incluso se les señala de dar un trato desigual entre las empresas, los pequeños negocios y comerciantes. Es así como, en Zacatecas los comerciantes han salido a manifestarse para pedir que se les permita abrir sus comercios como se ha hecho con las empresas, argumentando que se han desempeñado igual y no deberían tener trato diferenciado.
Otra reflexión se traslada al ámbito empresarial. Su principal petición es que se eviten los despidos en un momento en que el trabajo se ve como la principal herramienta para superar la crisis. Aunque no dejan de reconocer las dificultades con las que tienen que operar y mantener sus negocios los empresarios, notan que el aumento de inseguridad y violencia en sus comunidades puede ser una consecuencia del desempleo.
A este mismo sector se le cuestiona que parte de sus acciones para la comunidad, hasta el momento, sólo se basen en ofrecer ofertas en servicios que no son de uso cotidiano como el del sector turístico y el entretenimiento, más cuando no se tiene la seguridad de cuándo se podrá hacer uso de estos. Lo que se espera de ellos y del gobierno es un esfuerzo por mantener los precios de los productos bajos o estables, porque su alza desestabiliza el gasto de la familia, que de por sí ya es cauteloso.
Al sentir que no encuentran claridad del camino a seguir, se mira el esfuerzo individual y el trabajo como las principales herramientas sobre las que pueden construir seguridades. Se ve en el empleo la oportunidad de tener control ante un futuro incierto para, como dice Óscar de Zacatecas, poder “aguantar vara”. ![]()


