¡Que nos dejen trabajar!

Para retomar las actividades productivas, tal vez, habrá que elegir entre las que ahora ayudan a salir adelante y las que se percibían como ingresos estables.

La economía no se reactivó con la llegada de la nueva normalidad. Los semáforos siguen en rojo para hoteleros, meseros, restauranteros, profesores, entre otros, quienes durante la cuarentena han encontrado otros medios para sobrevivir, pero que esperan ansiosos el regreso a sus anteriores actividades o al menos, poder salir a buscar otras oportunidades.

La decisión de dejar actividades productivas que originalmente se planteaban como temporales contrapone lo social, los valores individuales y las necesidades. Por ejemplo, el cuñado de Gabriela en Mérida, quien era mesero, no pudo continuar con su trabajo. Tuvo que buscar otra forma de ingreso para pasar la cuarentena y cada día se pregunta cuándo podrá regresar al hotel a trabajar, pero no quiere ser malagradecido con quien lo apoyó dándole el empleo.

De igual forma, Cinthia con la venta por catálogo obtiene buenas ganancias, pero pronto tendrá que regresar a su trabajo en la oficina y, aunque siente que tiene un compromiso con su jefe, ha descubierto una nueva y valiosa forma de ingreso. En su caso, la dificultad es dejar a un lado lo emprendido, renunciar a lo que empezaba a funcionar o buscar la manera de equilibrar tiempos y esfuerzos. Al final, una ofrece estabilidad y la otra aumentaría el ingreso.

Por otro lado, algunos restaurantes ya venden un poco más, pero les gustaría poder abrir al 100%, porque la gente suele consumir un poco más cuando lo hacen ahí y no sólo dando servicio para llevar, lo que les genera más ganancias. Para eso también se necesita que los comensales estén dispuestos a asistir. Aunque como clientes los mexicanos deseen apoyar a la recuperación económica, el miedo a enfermarse todavía los frena. Parece que aún no es el momento, como dice Gabriela “al menos yo no iría todavía, pero también entiendo que ya necesitan generar ingresos para sobrevivir y pagar los sueldos de los empleados”.

Frente a la espera del cambio de color en los semáforos, hay actividades que persisten activas de manera ilegal. La línea es delgada porque el gobierno decidió enmarcar en lo prohibido algo que siempre fue permitido en casa, fomentado parte de los valores y estilos de vida de su familia, el trabajo. Angelica en Chihuahua sigue trabajando de mariachi, eligiendo con precaución los trabajos para no quedar expuesta ni al virus ni a las autoridades. Para ella la sensación de ilegalidad que ronda en su cabeza, no va con sus principios, con lo que aprendió en casa, pese a que se gana cada peso con el sudor de la frente.

De cualquier forma, el semáforo de la nueva normalidad hace que los trabajadores se debatan entre lo legal y lo ilegal, lo prohibido y lo permitido, aunque lo único que desean es comprensión de parte de las autoridades para que, por fin, los dejen trabajar.