El cuidado en perspectiva

La vuelta a las calles ha traído consigo la evaluación de los cuidados y medidas preventivas que operan afuera, ¿Cómo cuidarse es una inquietud esencial para estos nuevos tiempos?

La importancia de los cuidados y medidas preventivas para evitar contagiarse de coronavirus es un tema que está de nuevo sobre la mesa ahora que las calles vuelven a ser tomadas por la reanudación de actividades.

La sana distancia se convierte en una medida utópica y hasta estorbosa— cuando se trata de ir al trabajo, porque sugiere prácticas de cuidado que todavía no han podido insertarse en la poco flexible rutina diaria. Muestra de ello es el transporte público, donde aparecen medidas como la fila espaciada para el abordaje o la dosificación de pasajeros, sin embargo, es complicado hacer esto sin perder la paciencia, porque todos quieren llegar oportunamente a su destino: ¿cómo cuidarse si es necesario subirse a un microbús repleto de gente para llegar a tiempo a la chamba?

Para hablar de cuidado y percepción de riesgo es preciso pensar en escenarios y actores. La calle es el escenario más peligroso, pues se mezcla el pico de la pandemia, con la necesidad de salir a trabajar y con la idea de muchos sobre que la pandemia ya terminó: “la gente lo está tomando como que ya tienen permiso de salir a dar la vuelta y no va por ahí la cosa”, dice Guadalupe en Zacatecas.

Surge entonces la evaluación del papel que juegan las autoridades, cuyo rol es visto más prescriptivo que operativo. Aún con ello, sus indicaciones aterrizan diferenciadamente: para las personas quedan como recomendación y para los dueños de comercios como exigencia, obligándolos a cumplir. Lo que se busca de la autoridad es la garantía de que se puede vivir con menor incertidumbre, por eso hay quienes como Gabriela en Mérida, que imagina la posibilidad de que se considere el COVID-19 como un riesgo de trabajo y que, por ende, se asegure atención y goce de sueldo en caso de contraerlo.

Las tienditas, supermercados y pequeños negocios son los espacios donde la gente sí entra en norma, quizá por fines pragmáticos: o nos cuidamos todos o ni tú ni yo tendremos lo que necesitamos. Los carteles informativos donde aparecen los requerimientos del establecimiento para “atender mejor” y el atavío de los empleados de los negocios, han servido como termómetro de la situación por la que atraviesa el país con la pandemia y de la disposición que existe para implementar y acatar medidas de cuidado y prevención sobre la enfermedad. Más allá de evidenciar hasta dónde se puede estirar la liga de la norma, la enseñanza que deja el caso de estos negocios sobre el modo de implementar medidas de cuidado es la búsqueda de mostrar esfuerzos por funcionar, atender y servir. Así, ofrecer cuidado a la par del servicio, más que un acto obligatorio, podría convertirse también en una muestra empática y solidaria que lleve a la idea de que todo esto que está pasando sí puede ser superado.