¿Sobrevivir o aprender a convivir con el coronavirus? ¿Valió la pena la cuarentena o nunca serán suficientes las medidas tomadas?
La nueva normalidad ha traído esperanza y también miedo. Si bien implica la posibilidad de salir y traer un taco a la casa, también representa mayor probabilidad de contagiarse de coronavirus. Ya sea que uno mismo salió y se contagió, o a través del contacto con un familiar o un amigo cercano. En cualquier caso, el contagio se justifica siempre y cuando se salga de casa, no por gusto, sino por necesidad. Como menciona Ana en Xalapa: “muchos salimos, no porque queremos, lo hacemos porque debemos hacerlo”.
Parece que la elección no da mucho margen: si se quiere reactivar el trabajo, se deben resignar a contraer la enfermedad y la nueva meta es que se enfermen los menos. Buscan no contagiar a los más vulnerables, a los más pequeños, a quienes padecen enfermedades o a los más adultos de la casa. Para describir la situación, empiezan a ser más recurrente el uso de expresiones como “grave”, “medidas extremas”, “vigilar más de cerca”, como forma de atender la situación, buscando actuar en el presente para controlar el futuro próximo. Queda claro que vienen momentos difíciles y que el sentimiento que prevalece es el de frustración mezclada con enojo. Se percibe un sentimiento de derrota porque, como dice Fernanda de la familia Ramos: “no pudimos, ni podremos contra esta pinche pandemia”.
Y con tantos mensajes de futuro en estos meses, hay uno que se percibe como real pero que tal vez no llegue: ‘el día que termine todo’. Principalmente porque persiste la idea de que los que no se cuidan están fuera de casa y son una amenaza latente: ese sector que existe en el imaginario de la clase media dividida, aquellos a quienes “les vale”. Porque aun con la justificación de la necesidad de salir, ésta no es suficiente para los que aún están en casa; las personas los exhortan a evitar el contagio por lo menos cumpliendo con las diferentes medidas ya conocidas. Aunque la más “visible” es el uso cubrebocas que les reclaman como el nuevo mínimo de cuidado público, Abigail en Torreón amonesta diciendo, “no se usa cubrebocas y, si se usa, es solo como accesorio en el cuello”.
Para las personas los esfuerzos se complican porque, además, empieza la temporada de lluvias en algunos lugares del país y con ello las enfermedades respiratorias aumentan. Ahora no sólo esperan cuidarse de no contagiarse de COVID-19, también buscan no enfermarse de algo más para no ser más vulnerables. Se piensa que no será fácil, que viene una etapa más difícil con mayores contagios y tratan de averiguar cómo reducirlos.
Por ello, consideran que habrá que encontrar nuevas formas de cuidarse, de mantener la complicada distancia, de comunicarse y cuidar a los demás. Ya no se trata de refugiarse sino de convivir con el coronavirus. ![]()



