El tiempo y su relatividad en el cotidiano del coronavirus

La vida de las personas se modificó influyendo en la forma en que significan su tiempo cotidiano.

Lo cotidiano es aquello que da sentido a las decisiones de las personas, su influencia en el pensamiento suele ser tan sutil que difícilmente se cuestiona. A partir del covid-19, se modificaron no sólo las rutinas sino también los espacios, compañías, pensamientos y con ellos la percepción misma del tiempo.

Para muchas familias, sobrellevar el día es esencial para no perder la calma, pero eso considera ajustar el tiempo ante la percepción de que no se tiene control de éste. Se busca mantener la tranquilidad en el tiempo corto que significa el día de hoy, empujando la vida cotidiana a diversas circunstancias.

En la fe, se ajustaron rituales religiosos para recibirlos a distancia y cumplir con la semana. Gracias a esto se consideran que han podido seguir afianzando el resguardo que representaban las congregaciones y con ello, estos meses se han hecho más llevaderos. 

En las calles, también se reajustaron las dinámicas comerciales. Al modificarse los horarios en tienditas y locales, el tiempo de permanencia en estos y la frecuencia de compra, trastocó la vida de barrio. Ahora, el tiempo en las compras es rápido, reduciendo el disfrute y convivencia con vecinos. Y aunque ir de compras sigue siendo una escapada, ahora es un paseo exprés.  

En la alimentación, el tiempo en restaurantes trata de sustituirse en casa, comprando a comercios con entrega a domicilio o preparando algo especial. Pero, como dicen los Zamora, “la comida no se disfruta igual”. Parece que el ritual de planificar una cita o dedicar el tiempo en una salida a cenar agrega más que la pura experiencia de degustar alimentos.  

En lo escolar, controlar el tiempo resultó más complicado al fusionar las labores a lo que hay que atender en casa. El hogar con sus distractores representó un reto para extender lo más que se puede el día. Como le ocurre a Aranza en Xalapa que mientras trata de hacer tareas llega el repartidor de tortillas con su radio, se mete un gato a su casa o le prenden la tele.

Pero tal vez lo más complicado de comprender son los tiempos propios del covid19. Cuando alguien cercano se contagia, no hay reloj que pueda acelerar la certeza de que el enfermo estará bien. Y haber estado en contacto con él antes de su diagnóstico, también relativiza los diez o quince días de quietud de las familias. En estas situaciones desaparecen los días de la semana y cada día tiene el mismo sobrepeso y es más complicado aligerarlo, lo único que se sabe es que hay que estar más alerta. En cada parcialidad de los días, se busca estructurar, aligerar o sobrellevar el tiempo cotidiano. La necesidad de regresar a la normalidad recae en todo lo nuevo que se genera y adapta. Y lo que resalta es que lo más importante es estar presente en él tiempo como pauta para la tranquilidad: el ahorita y el ya merito, es hoy.