Semáforo social: parar o continuar

Durante más de dos meses las familias esperaban una señal para la reactivación de la actividad y la indicación llegó con fecha definitiva: el 1ro de junio se regresaría con base en un semáforo nacional.

Al mismo tiempo que muchos celebraban la noticia de la reintegración a la cotidianidad y explicaban la manera en que funcionaría el semáforo, López Gatell compartía que estábamos en el momento más complicado de la pandemia. El mapa de México pintado de rojo era la imagen confusa entre el discurso casi triunfal del presidente en la inauguración de las obras de su tren maya y el conteo histórico de nuevos casos y muertes en el país. Aunque el semáforo sin lugar a duda sigue en rojo, en la calle muchos mexicanos aprovecharon el banderazo para pasárselo y tratar de recuperar un poco de lo que ya habían sacrificado y perdido.

Hay un cambio sustancial que evidencia las tensiones, desorganización, intereses políticos, disputas y contradicciones que han caracterizado la gestión del coronavirus en México: hasta el 1 de junio había sido el gobierno federal el responsable de las decisiones, ahora sería el turno de los gobernadores para tomar la batuta, cuestión que reafirmo la actitud de algunos estados para continuar tomando sus propias decisiones sin importar lo que se dijera en palacio nacional. Y aunque el mecanismo se anunció, será hasta el viernes 5 de junio que conoceremos su valor: en esta arena el semáforo está en amarillo porque algunos gobernadores se lo pasan flagrantemente mientras otros prefieren frenar ante la presencia partidaria de la autoridad federal.

A lo largo de la cuarentena las familias sabían de una u otra forma que todas las medidas eran voluntarias por el repetido discurso gubernamental que apeló a respetar los derechos humanos y sociales, además de no usar la coerción para mitigar el impacto del covid-19. Esta decisión ahora será un obstáculo porque refleja muy bien el imaginario que construye el semáforo en México: mientras no haya un policía, respetarlo es opcional. Coloquialmente se dice que cuando el semáforo está en verde o en amarillo la instrucción es acelerar. Cuando está en rojo, depende la hora, la circunstancia, la ocasión y la pericia. Por cierto, ningún semáforo en México tiene el color naranja, seguramente para quien lo use, entrará en una gama de amarillo sin dudar. Después de tanta incertidumbre y sacrificio por parte de las familias, parece que ya no son horas para frenarse y ver el semáforo.

Finalmente, una regla básica cuando se trata de generar normas y reglas es que la excepción no puede ser parte de éstas, porque lo imprevisto no se puede anticipar1, por ello, lo más probable es que cada familia, ante el vacío de liderazgo y responsabilidad institucional, seguirá decidiendo parar o continuar según su propia realidad. Total, el semáforo en México, como muchas otras cosas, seguirá siendo opcional.


1 Innerarity, Daniel. “Pensar el orden y el desorden: una poética de la excepción” en Convivium 19/2006, pp. 165-178