Reincorporarse o no a las actividades no es una decisión menor, pero no se encuentran actores ni instituciones que puedan organizar el aparente caos.

Ante el gradual reinicio de la vida social y económica las familias no terminan de comprender qué sigue a partir de ahora. A lo largo del país, lo único claro es que no se tiene nada claro, pues siguen percibiendo que las decisiones de los gobiernos y sus necesidades no están sincronizadas. Ni los semáforos ni la estimación de los tiempos. Tampoco si la curva va en ascenso o si algún día se podrá revertir.
Esta falta de sincronía, incluso de lógica, hace que sus decisiones sean más complejas. ¿ahora a quién le hacen caso?, ¿quién se hará responsable si todo sale mal?, ¿qué deben hacer? Porque en el fondo, parece que la indicación de dos meses suspendidos no fue suficiente, que no se pudo tener el control y evitar que se perdieran trabajos, que se tuvieran enfermos, y muertos.
Hacen un recuento de los actores involucrados en esta pandemia y ni los diferentes niveles de gobierno, ni las empresas, ni la sociedad civil parecen estar dispuestos a alinearse. Pero la clase media hace un acuse directo a la ciudadanía porque, como dice Álvaro en la Ciudad de México, “la verdad, es que a la mayoría de los vecinos no les importa organizarse para su propio bienestar”.
La complejidad aumenta porque la aparente falta de organización significa que el futuro es como tirar un volado, si cae de un lado, los enfermos y decesos disminuirán y los mexicanos saldrán avante, del otro, que suceda lo contrario y se termine de perder lo poco que queda en casa, incluyendo la salud, el dinero, la paciencia. Si estos últimos meses fueran una pelea de box, parece que van perdiendo todos los asaltos.
Para poder seguir en la pelea, aun si el peor escenario tuviera lugar y no se pudiera controlar la curva de contagios, las personas desean que el gobierno y las empresas den opciones. Que exista apertura a la adaptación de los trabajos para que la economía no se vea más mermada, porque tal vez esa es la estrategia que más se tardó en llegar. En palabras de Mariana en Chihuahua, “lo que hicieron mal fue no crear nuevas alternativas”. Hoy, siguen necesitando alternativas viables para obtener ingresos y afrontar explícitamente otra cuarentena en casa.
Porque lo que más va perdiendo es el bolsillo y no se ve para cuando se pueda recuperar. Al no percibir una dirección desde ningún frente, tendrán que reajustar su administración para mantener los cuidados de salud, comer bien, mantener la comunicación con su familia, pero el mayor acento será la pauperización de los gastos. Tal vez sea hora de pensar en préstamos, de encontrar una institución flexible que ofrezca esas alternativas que no han llegado, pensando que los ingresos tampoco serán sencillos de retornar. Porque no desean ni pensar qué sucedería si un miembro de la familia enferma, porque, según lo que han escuchado, es mejor ir con un médico privado que morir en la atención pública. ![]()


