¿Estamos listos?

Salir de casa y retomar algunas actividades genera emociones contradictorias porque se percibe que está lejos de ser la vida que solían tener.

La reanudación de algunas actividades económicas en el país se interpretó como una señal de esperanza. Parecía que lo más difícil había pasado y éste era el primer paso para regresar a las viejas rutinas. A los pocos días en la nueva normalidad, se nota que no es así. Las personas perciben un ambiente de incertidumbre mayor incluso al que sintieron al inicio de la pandemia. Antes desconocían la gravedad e impacto del virus en la vida de las personas, algunos hasta dudaban de su existencia, hoy se percibe más real.

La convergencia del entusiasmo con el temor ya se hizo cotidiano. Guadalupe en Zacatecas desea regresar a su trabajo porque eso estabilizará la economía en su hogar, pero al pensar en los casos de contagios en su localidad, interpreta como contradictorias las decisiones de las autoridades al no mantener por más tiempo el resguardo en casa. Pero su mayor crítica es hacia los ciudadanos porque los contagios actuales son a nivel comunidad y éstos se pudieron haber evitado en su momento, tomando en serio el posible contagio. Lo vio cada día, sus vecinos no dejaron de salir de casa o hicieron reuniones el 10 de mayo, aunque estaba prohibido. Los asistentes aquellos días respondían con burlas como: “ahí viene la policía y se soltaban a puras risas”.

Para muchos, esta fue la primera semana de reanudación social, contrario a lo oficial. Mariana de Chihuahua al hacer las compras de alimentos para la semana en el mercado municipal, regresó a casa preocupada porque estaba lleno y los locales tenían pocas medidas de higiene. Desde su temor al contagio, identifica que los pequeños negocios son los que menos medidas están manteniendo y los negocios de cadena parecen seguir conservando las normas de cuidado, ¿qué no tenía que ser igual en todos los espacios?, ¿cómo teníamos que comprar en esta nueva realidad?

Hoy las familias sienten la gravedad de la situación y de las afectaciones del coronavirus. Este es el caso de los Méndez en Chiapas quienes recientemente se enteraron del fallecimiento de un pariente político a manos del virus, lo que los tiene en un estado de alerta por el temor al contagio. Se acentúan sus sentimientos de descontento e impotencia hacia las personas de su comunidad al ver cómo salen a las calles sin los cuidados que se recomiendan. Tras la mala noticia, han decidido reforzar su cuidado, evitar salir de casa lo más posible o salir una persona sola, usar cubrebocas y cuando regresan a casa se bañan para tener mayor seguridad. Para muchos la amarga profecía se cumple, tiene que haber muertos cercanos para que el mexicano comience a creer que esta pandemia es real. Pero la intersección entre retomar las actividades y temer el contagio es una resistencia que trasciende a las personas, es un malestar social. Para algunos los responsables no son las autoridades, el culpable tiene rostro de vecino, marchante, o familiar. Con este grado de desconfianza, ¿había otra forma de estar listos para la nueva normalidad?