Vacunas médicas y sociales

Aun con los cuidados de higiene y las medidas anunciadas por el gobierno, el miedo estará presente en las actividades imposibilitando una seguridad plena para estar en las calles.

Las personas se visualizan en un futuro cada vez más cercano fuera de sus casas. Los trabajadores están preparándose para reintegrarse a sus labores de manera presencial y las escuelas ya tienen una fecha para pensar en el regreso a clases. Los que no dejaron de trabajar fuera de casa también esperan más gente en las calles, en el transporte, en el mercado. A la par, la imagen del coronavirus acercándose es una amenaza más latente a semanas pasadas y lo único que produce es miedo.

Los mexicanos harán su mayor esfuerzo para afrontar los retos que implica regresar a las calles y el miedo estará presente porque no importan los cuidados que puedan implementar, la posibilidad de contagio parece que se incrementó. Más que desear que mejore la economía o los servicios de salud como una prioridad, las familias esperan que haya una vacuna, concibiéndola como la garantía que podrá proveer seguridad y tranquilidad para poder pensar, ahora sí, en un futuro con salud.

Además, observan que el país no la tiene fácil porque está latente la diferencia y el encono social. Piensan – como se dice coloquialmente— que el peor enemigo del mexicano es otro mexicano. Las personas imaginan que no seguirán las recomendaciones y que el escenario más verosímil será aquel en el que se sigan comportando como si nada estuviera pasando y que se sigan evadiendo las medidas. Y a pesar de la solidaridad que se ha mostrado en otras situaciones de crisis, la disparidad ha sido el eco en la mayoría de los estados del país. Hubo personas que asistieron a un balneario en Puebla, los políticos siguen teniendo desencuentros entre quienes gobiernan a nivel local, estatal y federal, y en casos más fuertes, se teme a que sigan quemando hospitales como en Chiapas.

Como consecuencia de esto, pareciera que no sólo se necesita una vacuna médica, sino también una social. Una vacuna contra la ignorancia que pueda asegurar que los mexicanos se puedan comportar a la altura de las circunstancias críticas del contexto. Se requiere que sean estrictos para seguir con las medidas y los cuidados porque en estos momentos, las acciones que se tengan seguirán impactando directamente en salvar o no vidas. La negligencia y el descuido tendrán repercusiones que afectarán desde individuos hasta comunidades. Y las familias saben que, lamentablemente, no hay una figura para responsabilizar o en la que se confíe para solucionar cualquier escenario posible. Mientras la vacuna no llegue, las personas tendrán miedo. Será como traer una piedra en el zapato que imposibilitará la sensación de plenitud en sus labores. Aunque pondrán a prueba los aprendizajes que han obtenido en cuarentena también obtendrán otros ante las nuevas situaciones que están por vivir. Al final lo que desean es que los mexicanos no la terminen regando demasiado.