Subirse al tren del retorno

Aunque permanece la recomendación de quedarse en casa, la reactivación de actividades hace que millones de mexicanos retornen, entre ellos, el presidente.

Este 1 de junio comenzó en México el camino hacia la llamada nueva normalidad. En medio de un punto ascendente en el número de contagios por coronavirus y con un registro alto de la cantidad de defunciones por la enfermedad, llegó la fecha pactada semanas atrás por el gobierno para reanudar la vida cotidiana —o lo que se pueda rescatar de ella— en el país.

Así, el presidente de la república levantó la Jornada Nacional de Sana Distancia llevando a cabo una gira de trabajo por el sureste del país, desatendiendo las recomendaciones de su propio Subsecretario de Salud, pero teniendo el aval para salir de otros “médicos, matemáticos y científicos”.

Para las personas, el problema no es que López Obrador haga su trabajo, sino el sentido hacia el cual busca dirigirlo. Y es que ahora que ha comenzado sus labores al interior del país, la gente se pregunta para qué quiere una gira y, sobre todo, qué es lo que busca decir a través de ella. Cuando se empieza a hacer lectura de las primeras horas de la gira, lo que de inmediato llega a la vista tiene que ver con las formas: el presidente y su comitiva se encuentran en los eventos públicos sin usar cubrebocas, mientras que los representantes de las autoridades estatales sí acatan este mínimo requerimiento sanitario.

Tal demostración de formas trae como consecuencia que aparezca la percepción de que se vuelve a un terreno donde las voces institucionales corren por separado. Entre el semáforo epidemiológico, las salidas de trabajo del presidente con sus respectivas declaraciones y las decisiones de los gobernadores, a las personas les queda, más allá de un halo de confusión, la necesidad de conformar un liderazgo que marque de manera más efectiva el mejor camino para lo que está por venir.

En consecuencia, el inicio de la gira del presidente establece el modo en que las cosas sucederán en adelante, al menos desde el gobierno. Por un lado, deja en claro que el tema de la salud continúa, pero lo hará por su parte, con su propio discurso y sus propios actores. Por otro, demuestra que la idea que el presidente tiene hoy es la de volver para hacer política, concibiéndola como un quehacer que sólo puede llevarse a cabo afuera, retomando los espacios que dejó sin dueño durante la cuarentena, quizá con el gran temor de que alguien más se apoderase de ellos en caso de que dejara pasar más tiempo.

En todo caso, se trata de su normalidad, la de volver a la escena pública al interior del país para ratificar el peso de sus proyectos emblema. Con el banderazo de reinicio de obras de construcción del Tren Maya no sólo se retoma simbólicamente la vida laboral de la gente, también se “invita” a los mexicanos a subirse a un ferrocarril que no sólo no se detendrá: tampoco se sabe a dónde llegará.