Entre los mensajes que procesaron las familias en esta contingencia, parece que aún quedan unos que no se han atrevido a decir en voz alta.

Detrás de las contradicciones de información que han percibido las familias, se esconden en silencio los temores que trajo la enfermedad y la decepción en las instituciones regionales y líderes nacionales. Las personas no encuentran palabras ni herramientas para expresarlo. Pero si tuvieran oportunidad de enfrentar a quien provoca sus incomodidades, ¿qué les dirían?
¿Qué le dirían al coronavirus si pudiera escucharlos? Los Mendoza en Puebla, que han superado una gripe muy fea en esta cuarentena, pero lograron evitar el covid; las familias de la Ciudad de México, Chiapas y Oaxaca, que necesitan tiempo para superar las pérdidas repentinas de sus amigos y familiares a causa de él. Esta crisis les recordó que el cuerpo humano es aguantador, pero también traicionero y puede fallarle a cualquiera y cuando menos se espera. Bajo esta premisa, un estornudo, una molestia estomacal, el peligro por el hábito de fumar, pero también cualquier emoción y sentimiento antes desapercibidos se viven con doble intensidad, presionados por las cuatro paredes. Cualquier aparente síntoma se traduce en temor de no saber cómo actuar ante la pérdida de los más cercanos y a la vez en impotencia de no confesarse sobre ello.
¿Qué les dirían a las instituciones regionales si éstas fueran más receptivas? Que se ha disminuido la confianza en ellos: autoridades y medios regionales. Las medidas criticadas anteriormente (como la ley seca o las reglas de circulación de los autos en Chihuahua y Mérida) no demostraron efectividad y ahora son olvidadas con el plan de regreso. En los mensajes de gobiernos, la cautela fue sustituida por la prisa y las familias los interpretaron como algo precipitado. Para algunos esta contradicción quebrantó sus expectativas; a otros les reafirma que, si uno no toma consciencia de sí mismo, nadie le va a ayudar.
¿Qué dirían a las autoridades nacionales si fueran más cercanas? Que se han perdido los rostros de los líderes mundiales que combaten el covid. Muchas personas dejaron de comparar el avance en México cuando desaparecieron las autoridades actuando con dignidad y aplomo ante la contingencia. Sin embargo, se han visto suficientes debates para regresar a las teorías de conspiración en torno al virus. Ante tal vacío sólo se acentúa la incredulidad sobre la reactivación económica y la superación de la crisis en el país. Dejando a un lado las ilusiones de que todo se va a resolver, ¿quién y cómo debería responder a tantas contradicciones? ¿O sería mejor aguantarlas y seguir adelante como si no hubiera pasado nada? Se confió en las instituciones regionales, pero faltaron resultados concretos. Les gustaría proyectar líderes, pero les decepciona ver el reflejo. En pocas palabras, se guardó la cuarentena, pero ésta no desvaneció el miedo. ![]()


