Hace unos días dio inicio el desconfinamiento en las ciudades de Madrid y Barcelona, las cuales comienzan a levantar restricciones bajo condiciones muy específicas. Medidas como estar con un grupo de hasta diez personas o comprar en tiendas con superficie de hasta cuatrocientos metros cuadrados son un ejemplo. Con esto, para los mexicanos resulta inevitable idear la realidad que se avecina en el país, sobre todo cuando ya se ha hablado de la nueva normalidad que vendrá. Qué se hace bien, qué se hace mal y qué tanto alcanza de su realidad para lograr el aparente éxito de otras naciones que han superado el coronavirus son algunos de los temas que están sobre la mesa.
Algo muy cierto es que las personas no están seguras de qué tan rápida será la capacidad de México frente a la pandemia, principalmente porque al inicio la preocupación era sólo en temas económicos, pero ahora se le ha sumado el tema social, que todo parece indicar tampoco volverá a ser igual. A ello se agrega el hecho de que desde su perspectiva no parece haber una política clara sobre lo que se tiene que hacer para un desconfinamiento eficaz: si acaso en la Ciudad de México se ha presentado una idea más elaborada, pero el actual incremento en las cifras de contagios y decesos parecen querer echarla por tierra. Finalmente está el escenario más triste para algunos: pese a estar conscientes de que la recuperación económica y social es algo que involucra a todos, se desconfía en gran medida de que el otro haga lo que debe para que todos puedan estar bien. ![]()

