Decidir en esta contingencia se ha vuelto estratégico, no obstante, detrás de las habilidades también se ubica la suerte y el azar del contexto mexicano.

No es muy diferente lo que dicen los Córdoba en Zacatecas a los Santoyo en Guadalajara. Comentan que saben las medidas de cuidado y aunque desconocen algunas, están satisfechos. Ahora centran su atención en consideraciones para su regreso a las calles, como hacer el super cada 15 días, dejar de comer fuera o conservar la distancia con otras personas. Pero a la par, también hay temas que no los hacen sentir cómodos, como cuando hablan de aumentar la probabilidad de contagiarse al salir todos de casa.
Su vulnerabilidad se manifiesta al pensar en usar el transporte, estar en la oficina o visitar a los conocidos. Están convencidos que el regreso significará un aumento de enfermos y traerá desorden en la implementación de medidas, pero eso no los hará quedarse en casa más tiempo. Asumen que el riesgo se equilibra un poco en sus acciones y otro poco en la suerte.
Regresar a la nueva normalidad significará reconocer una barrera con lo incierto. Se antepondrá la seguridad y su control como el primer paso para salir, sin saber cuánto durarán o si servirán las acciones. Y para ajustar la vida en ello, las decisiones parten de tres estrategias: brevedad, distancia y sanidad.
La brevedad significa que las salidas no duren mucho, entre menos tiempo hay más seguridad. La distancia es importante porque pretenden evitar desplazamientos a sitios donde no conocen las circunstancias. También buscarán la distancia personal evitando los lugares concurridos, con algunas excepciones, por ejemplo, a la iglesia quieren pasar todos juntos y al supermercado desean ingresar por lo menos en pareja. Al final, consideran que será importante observar la sanidad y es probable que lo exijan en los espacios comerciales, los servicios y en la atención que reciban.
El acto performativo de seguridad se buscará ver materializado en que todos los protocolos visibles de cuidado. La expectativa es ver que los espacios de consumo y comercio no bajan la guardia y conservan sus precauciones tal como lo hacen las personas. Porque eso sí, la sensación de riesgo no se aminoró y se sumó a una cultura de azar en México que ya atravesaba un llano de complicaciones e inseguridades que se han ido impregnando últimamente cada que se sale de casa. Por tal motivo, cuando los mexicanos hablan del futuro, cargan con el azar. Hay cosas que pueden controlar y otras que no, y contrario a la frase “información es poder”, prefieren sólo saber lo que les impacta directamente, antes que saber la situación nacional. Esto los hace sentir que dominan los pronósticos que hacen sobre su familia y tener perspectiva sobre lo que viene; existe una exaltación del riesgo para sentirse tranquilos en un contexto donde el azar se ha convertido, casi, casi, en una diligencia normalizada y rutinaria. ![]()


