Síndrome de escasez: entre el cuidado y el valemadrismo

Entre muchos claroscuros, hay un punto medio: se busca aprovechar la ventana de abundancia cuando el contexto dice que hay escasez.

La Jornada Nacional de Sana Distancia ha producido alteraciones sociales, como disminución del ingreso, falta de empleo, variación del rendimiento de la jornada laboral, salir a trabajar porque no hay de otra, padecer las rupturas entre el gobierno federal y estatal y, además, ver por todos lados las estadísticas de contagios y fallecidos.

Sobre ese panorama, las personas se preguntan si están preparadas para la reincorporación de las actividades y responder no ha sido tan sencillo como se supone. No se puede hablar de preparación como un proceso lineal, porque la cuarentena ha sido una vivencia maleable: no siempre se siguieron los cuidados ni las restricciones al cien por ciento, porque para algunos el síndrome de la escasez va y viene.

El contexto desencadenó síntomas negativos como tristeza, ansiedad y necesidad de culpar a los demás, a pesar de la búsqueda de mantenerse positivo a través del esfuerzo diario y la fortaleza familiar que se expresaban. En particular, se percibe una sensación de vació y un sentido de urgencia significativos porque a pesar de la cautela, se desea imperativamente hacer cosas por decisión propia y solventar las carencias de la familia.

Se padece un síndrome ante la percepción de escasez que se expresa como necesidad y avidez: “sí no me hago de esto ahora, otro seguro se lo llevará”. Se ilustró en medios con el consumo de cerveza a sobreprecio frente a su escasez. Si bien, la cerveza es más llamativa y es fácil ver un valemadrismo en quienes hacen fila para comprarla, y tacharlos de irresponsables, cada familia ha aprovechado oportunidades como esa para hacerse de algo – tangible o abstracto— sin importar las restricciones: viajar a Veracruz por placer, celebrar a los niños, visitar a mamá el diez de mayo o comprar un pastel el día del maestro.

De este modo, la preparación de las personas es un ir y venir entre la escasez y la decisión de cuidado. Se observa cuando reconocen que hay negocios abiertos, aunque no sean indispensables como en Oaxaca; al salir a comprar en carro y no en transporte público como en Torreón; con la carencia de trabajo en Veracruz; o con la duda de adquirir un préstamo ante la falta de información que perciben en Chiapas, porque perciben que los bancos no detallan los intereses que se asumirán con el servicio.

El síndrome de escasez es el resquicio entre los lados de la moneda con la cual las personas se han expresado en la cuarentena: “el mexicano se ha cuidado o le ha valido madres”. Por ello, pequeñas fisuras donde se halla la oportunidad de “abundancia” seguirán siendo esenciales en los tiempos que vienen de insolvencia; ahora que se tiene se ocupa porque no se sabe cuándo volverá una nueva opción. Por ahora, es más fácil y seguro ir a comprar una cerveza o comprar un pastel, que resolver la economía, conseguir un trabajo o tener ingresos garantizados periódicamente.