Pautas sobre lo desconocido

Dependiendo de cómo han vivido la cuarentena, las familias cuentan con parámetros para decidir, evaluar los espacios y relacionarse ante el retorno de lo cotidiano.

Cuando Laura en Chiapas se plantea volver a la escuela, piensa en lo positivo de volver a dar clases y cumplir su horario, pero también se cuestiona cómo afrontar un espacio fuera de casa. Aunque solía ser cotidiano y seguro, su lugar de trabajo contiene prácticas fuera de su control. Mientras que su casa y quedarse en ella representó confianza, seguridad, cuidado y salud, la escuela simboliza riesgo y contagio por demasiado contacto

Para las familias que se replegaron en el hogar como Laura, la reactivación del cotidiano parte de la confianza y la desconfianza. Desean retomar la convivencia, siempre y cuando sea con la familia, un amigo, un vecino: confían en las personas habituales, más por afectividad que por sanidad. También se plantean consumir en comercios donde se conoce al que se atiende y, como si fueran círculos concéntricos, piensan que a mayor distancia mayor el riesgo de contagio

Con quienes no se convive habitualmente – los otros padres de familia, los compañeros de clase, los maestros— son potencialmente irresponsables, descuidados y el no saber qué hacen fuera de los momentos de contacto los hace un factor de riesgo. Estar en el círculo de referencia es estar en la vida del otro.

Hoy se desconfía de lo grupal, sin importar si en casa algunos tuvieron medidas de cuidado responsable, por lo que tal vez se decida esperar más tiempo de lo que diga el gobierno. Tal vez las personas esperen que la nueva normalidad se haga normal, cuando la escuela y más espacios demuestren que pueden establecer responsabilidad total para generar un hábitat seguro.

En el caso de las familias que no han podido dejar las calles porque han tenido sus negocios abiertos o siguen trabajando, están planteándose la reactivación a partir de la permisividad. Esperan salvoconductos para poder continuar con su negocio, que las medidas no sean más fuertes para ellos y sobre todo que los clientes se permitan volver a consumir con ellos y que vuelvan a confiar en su negocio. Han esperado tanto afuera y desean que las personas salgan a la calle como antes para poder recuperarse y sentirse más acompañados.

Los que esperan adentro de casa y los que lo hacen mientras salen a la calle expresan exigencias para el gobierno y para las empresas. Desean que los empleadores y las autoridades brinden cuidados a su personal, controles de sanidad y los aditamentos de protección necesarios para seguir trabajando. Si bien no han penado en la transformación de su dinámica cotidiana, sí están incorporando nuevas formas de observar a los otros y a sus espacios para decidir qué hacer y con quien relacionarse. Con esta cartografía para la activación de cotidianidad, la construcción de nuevas relaciones no puede dejarse de lado; tanto empresas como instituciones tendrán un nuevo reto y oportunidad para ubicarse en los ejes de positividad a través de transparencia, responsabilidad y cercanía con las personas.