En los últimos días ha crecido la cantidad de connacionales que buscan entrar legalmente a Estados Unidos, razón por la cual puntos como la garita de Otay han representado cuellos de botella para el flujo de personas. El hecho ha tenido más notoriedad de lo habitual a raíz de las restricciones impuestas por el vecino país frente al COVID-19, entre las que está cerrar el paso a su territorio por esa garita de las 10 de la noche a las 6 de la mañana. Esto se suma a la necesidad de quienes buscan volver a las actividades laborales en aquel país, por lo que recurren a hacer fila desde la noche anterior para poder ser de los primeros en ingresar a suelo norteamericano en la mañana siguiente. Dada la aglomeración y las inclemencias del tiempo, las personas sacrifican las medidas de distanciamiento, pues en su opinión, prefieren el desvelo y un poco de riesgo, que dejar de ver por sus familias. Este hecho, primero de muchos futuros, sólo es una primera evidencia de la circulación de las nuevas normalidades que arribarán al país: con contratiempos, sacrificios y resoluciones civiles antes que oficiales. ![]()

