¿Un retorno al comercio o al cuidado?

En México se declaró la reapertura económica, sin embargo, en la decisión se ocultan dudas que no terminan por convencer a la sociedad de volver en el mejor momento.

El lunes 18 de mayo comenzó la reapertura económica en México, una que tiene como objetivo ser escalonada y responsable con las actividades laborales, aunque en Chihuahua, 300,000 empleados de las maquiladoras volvieron a la actividad con registro de contagios y proclama de condiciones seguras para trabajar. Además, 324 municipios que no tienen contagio alguno de COVID-19 se preparan con sus respectivas precauciones y posturas sobre la administración de la pandemia en sus territorios.

En ese marco, el retorno ha generado opiniones que flotan sobre dudas. Por un lado, se piensa que la reactivación económica —por ser el eslabón más claro y necesario para la tranquilidad de la sociedad en cuarentena— implica declarar protocolos comerciales y de seguridad sanitaria de carácter obligatorio para los próximos meses, ya que aún no existe tranquilidad ciudadana para salir. En el otro lado, se discute una realidad que a través de las cifras sobre el incremento de contagios y decesos no cuadra con los planteamientos sugeridos y la voluntad de las autoridades de gobierno.

Dicho esto, la decisión tomada permite remarcar la fragilidad de la estrategia nacional a nivel federal, debido a que, la disposición gira en torno a la autonomía con la que cuentan los gobiernos estatales y municipales para definir su reapertura, algo que ya había sucedido en el cierre, pero que no fue explícito ni manejado de la misma manera en lo federal. Cada quien hizo lo que quiso pese a las directrices del gobierno, y hoy a los gobernadores, se les delegó la responsabilidad de abrir como mejor les convenga: políticamente.

Y, por si fuera poco, el regreso de vida comercial y laboral también es una interrogante desde lo social. Si bien es algo positivo y esperado por todos, muchos piensan que la incorporación del comercio —visto exclusivamente con esos ojos y no desde una perspectiva geográfica y sanitaria— puede representar un arma de doble filo: más gente en la calle, sin las medidas necesarias, es igual a más contagios y más caos. Situación que, en términos anímicos, implicaría romper los esfuerzos colectivos hechos por las personas para cuidarse de la enfermedad.  Por ende, no para todos es una buena idea, al menos, no de forma tan abrupta y sin tener certidumbre del avance y control de la pandemia.