La incertidumbre de la responsabilidad compartida

Para el regreso a la nueva normalidad las personas parten de una exigencia hacia los otros, sin embargo, ¿qué tanto están dispuestas a hacer?

Las familias consideran que, para regresar a sus actividades, las medidas que tomarán se encaminarán al cuidado de los niños y los adultos mayores. Piensan en acciones que han aprendido: evitar conglomeraciones, usar gel antibacterial, cuidar la alimentación y hacer ejercicio. Consideran que es parte de lo que les corresponde para no bajar la guardia cuando estén fuera de casa.

A pesar de ello, saben que ese cuidado no sólo depende de ellos porque detrás de la prevención de la salud, está lo económico y lo productivo que incluye a los “otros”, a los vecinos, al gobierno, a las escuelas, mismos sobre los que se vuelcan las expectativas sobre el cómo se regresará a la normalidad. Las necesidades y demandas se mezclan y surgen emociones que parecen contradictorias.

Para algunos, el deseo de reactivación se contrapone con la necesidad de que el gobierno haga cumplir las restricciones de confinamiento. Critican a las autoridades y cuestionan las medidas que han tomado tanto para detener y reanudar las dinámicas económicas. De esta manera, Abigail de Torreón desea que el resguardo ya termine para poder realizar actividades fuera de casa y romper con el estrés, pero ella misma descalifica las conductas de sus vecinos al haber relajado su cuidado por asistir a los mercados y tiendas comerciales.

En el ámbito educativo, la exigencia al aprendizaje en las clases virtuales se diluyó cuando la responsabilidad se volvió hacia la familia. Criticaron que importara más “la evidencia” de estar conectados, que el aprendizaje. Aunque hacen hincapié en la necesidad de la presencia de un profesor para la enseñanza de los niños, cuando este papel lo adquieren los padres, ya no es tan importante. Incluso, con el paso de las semanas evalúan qué tan necesario es estresarse porque los niños cumplan con todas las tareas. Así, María de Oaxaca permitió que su hijo no hiciera tarea toda la semana, dejándolo jugar con sus primos, apoyar a su papá y realizar quehaceres del hogar.

Otra contradicción es que quienes están en la universidad temen que los estudios en la cuarentena sean tiempo perdido, pero se negaron a perder el semestre. Consideran que las clases virtuales no son efectivas e incluso son negativas para su formación. Fernanda de Veracruz, que estudia de ingeniería, está convencida de que los conocimientos que no está adquiriendo casi al finalizar su carrera, difícilmente los podrá recuperar.

De esta forma, lo que “se debe” cumplir cae más en los otros que en los sacrificios y responsabilidades que pueden asumir las personas. ¿Podría Abigail esperar más tiempo en casa con el estrés, con tal de ponerle el ejemplo a sus vecinos? ¿María podría asumir el rol de profesor con autoridad? ¿Fernanda debió dejar pasar el semestre para no sacrificar su conocimiento?