Si la realidad ya era incierta para los jóvenes, la nueva normalidad puede tener una doble incertidumbre.

Hasta antes de la pandemia una frase reiterada era los jóvenes son el futuro de México. Sin embargo, cabe preguntarse cuál es la normalidad de los jóvenes y qué podría representar para ellos ese nuevo término de la nueva normalidad.
Fabiola es estudiante de secundaria en Chihuahua y ya se acostumbró a las clases en línea. Dice que le gustaría seguir así cuando la nueva normalidad esté implementada. Para ella la computadora y los medios para acceder a sus clases son suficientes. Piensa que puede realizar sus labores escolares y que la computadora es un medio para lograr un fin mayor: formarse. No obstante, la situación no es la misma para todos los estudiantes.
En otras familias en donde no se cuenta con la tecnología ni el internet para tener la misma regularidad que Fabiola para las clases en línea, existe desconfianza en todo lo que la modalidad a distancia implica: la computadora, los recursos y destrezas. Tener computadora es un fin que sirve para “tomar lista en clase” y recordarles a los estudiantes que siguen inscritos, pero nada más.
Horacio Jr. en Chiapas tiene que visitar a un compañero para tener noticias de su asesor y saber el estatus de sus tareas escolares. Además de esas visitas, suma a sus actividades diarias, la atención al rancho. No tiene el mismo acceso que su compañero y la misma tecnología que Fabiola en Chihuahua y la cuarentena modificó la lógica de sus aprendizajes. Ahora “su segundo hogar” no es la escuela, es el rancho de la familia en donde comienza a valorar “una buena vida, donde la tierra es fértil” y sobre todo se da cuenta de la importancia del apoyo a los campesinos.
Así, sumarse a la productividad puede ser un proceso cultural consecuencia de la pandemia y el tiempo con clases, pero sin escuela. Luis en Chihuahua, tiene la idea de emprender un negocio de producción de cerveza en su garage. Mientras que las cerveceras están en pausa el emprendimiento es interesante y le sirve para plantearse la idea de valerse por sus propios medios.
La reflexión de los jóvenes es que su realidad se vio cuestionada por el Covid-19. Si bien, vivir cambios y adaptaciones es parte de su momento de vida, los adolescentes suelen sentirse en segundo plano. Tal vez en la situación actual se puede comprender a los incomprendidos. Las familias están adoleciendo de contacto, de cercanía, de trabajo, de certidumbre. Ya hacen falta, las visitas, las salidas de paseo, las vacaciones.
El punto central es que los jóvenes se replantearon qué era necesario y cómo podrían afrontar su futuro en un instante donde la productividad se detuvo en el exterior, pero contuvo su energía al interior de los hogares. Sea con la escuela digital, aprendiendo los oficios familiares o emprendiendo, la cuarentena los sacó de lo que conocían, dándoles una oportunidad para seguirse construyendo como personas y confrontar sus capacidades. La nueva normalidad sin duda conocerá una versión diferente de ellos. ![]()

