Al ver noticias, la mirada ya no está en los números, sino en opinar sobre las decisiones que exponen los personajes políticos y su impacto cotidiano.

La familia Méndez en Chiapas ya no sólo habla del número de enfermos en la localidad, los cuidados de salud o la situación en los hospitales cercanos, empiezan a comentar también las decisiones políticas. Contrastan las acciones del entorno con los datos de los medios y tienen claras expectativas sobre los gobernantes y secretarios de salud.
Al igual que ellos, el resto de las familias centran la atención en la manera en que los gobiernos han enfrentado esta pandemia y valoran lo que ven en medios a partir de las decisiones que los impactan. Más allá de los debates entre los distintos personajes mediáticos y los memes de los periodistas en las conferencias, lo que está en el centro de su preocupación es que las noticias y los políticos no están respondiendo cómo se resolverá la crisis que ya sienten a sus espaldas.
Las personas filtran las noticias a partir de las medidas anunciadas, lo que se dice que se hará, pero también a partir de lo que no se ha dicho. Ya mencionan nombres de contagiados conocidos o muertos y siguen preguntándose qué va a suceder. Opinan sobre las medidas del gobierno y de la insuficiencia de sus gestiones para impedir, todavía, que los vecinos hagan fiestas o que se concentren en espacios públicos.
Están en una burbuja donde la política está tomando decisiones que impactan su organización familiar y local. Crean o no que exista el coronavirus, la pérdida económica y de control se hace visible y sus consecuencias preocupan a las familias. Cuestionan la veracidad de las noticias y sus propias contradicciones. Por ejemplo, ¿cómo regresar el 1 de junio a clases si aún sigue habiendo enfermos?, Alfonso en Mérida dice: “yo no estoy seguro en qué estén pensando para decir que el 1 de junio los niños ya pueden regresar a clases, no sé si lo hacen para que la gente crea que falta poco y, que, si tienen paciencia y se quedan en sus casas, van a poder regresar o no sé, pero no creo que pase”.
En contraste de lo que exponen en los medios, las personas no distinguen entre fases de activación, entre actividades esenciales y no esenciales, o entre a quién le toca algún programa social o no, porque consideran que esa información no sirve para sus decisiones. Están esperando con urgencia información sobre cómo reanudar sus actividades completamente y no por partes, información sobre cómo se asegurará su salud cuando salgan y si van a poder ir a los mismos lugares cuando regresen, ¿qué pasará con el transporte, los restaurantes, las tiendas? Discutir lo que se dice y no se dice en medios les permite hablar en familia. Se dan cuenta que los emisores no son cercanos a lo que ellos viven, pero también que no hay una estrategia clara, que hay contradicciones en la información que dicen y entre lo que se puede hacer o no. Frente a esto, cada familia está haciendo sus propias conclusiones sobre lo que está pasando y pasará, intentando un balance entre lo que ven en la comunidad y todo de lo que los medios les presentan. ![]()

