A las preocupaciones y estrategias que han surgido durante la pandemia se le suma, cada vez con más fuerza, una que se había mantenido callada: la inseguridad.

Paráfrasis más, paráfrasis menos, el objetivo que se le atribuyó a la Guardia Nacional cuando se creó fue conseguir la paz. ¿Cómo? Organizando un mando civil para dotar de funciones policiales a los militares; capacitando en acciones de seguridad pública a un grupo ordenado, disciplinado y profesional; poniendo al ejército en las calles; haciendo “algo”; más todas las posturas que se puedan añadir. A pesar de que la resolución de esa pregunta era de altísima relevancia, hubo un detalle que saltaba a la vista: ¿no venimos buscando esa paz desde hace ya muchos, demasiados años? El cómo se diluyó ante el para cuándo.
Hace unos días se anunció que el Ejército y la Marina reforzarán a la Guardia Nacional para enfrentar la inseguridad. En medio de los puntos más altos de contagio, en medio de iniciar el camino hacia una nueva normalidad, en medio de los constantes ajustes que hacen las familias para mantener una continuidad de vida, el Ejército y la Marina se unen a esta búsqueda de paz. Para algunas familias esto provoca miedo: significa que además de preocuparse por su salud, tendrán que hacerlo por su seguridad (sobre todo en zonas donde las experiencias con el Ejército han sido negativas). Para otras familias no importa el mecanismo, importa tener la garantía de que disminuirá la violencia, los asaltos. ¿A costa de qué?
Uno de los deseos de las familias durante estos últimos meses es poder mantenerse estables, que el aislamiento y la pandemia hagan la menor mella posible en sus vidas (domésticas, financieras, laborales). Luchan con sus propias estrategias para conseguir dicha estabilidad como una forma de sentirse en paz. El COVID-19 ha puesto en jaque las estructuras con las que las familias contaban para poder salir adelante y, en caso de no poder hacerlo, quedarse en donde están. Eso sí, intentar por sobre todas las cosas no retroceder.
Pareciera que la estrategia de seguridad tiene cierta relación con lo dicho: usar al Ejército y a la Marina como herramientas para salir adelante en un contexto de violencia pública cuando la economía de las familias no sea suficiente y, en caso de no lograrlo, mantener las cosas como están. Eso sí, no ir hacia atrás, porque eso nos alejaría de la paz.
En una conferencia de esta semana, López Obrador dijo que “hay falta de información en los que cuestionan la decisión”. En otra, dijo que “la gente está muy avispada, muy informada, ya no se deja manipular”. La información para los mexicanos, del tipo que sea, es otra forma de estar preparados, es su arma para combatir la realidad. Por el momento, la pelea es contra las consecuencias de la pandemia en la vida cotidiana. Ahora, la nueva normalidad traerá, poco a poco, otra pelea al campo de batalla: contra la inseguridad. ¿Cuál será una batalla y cuál será la guerra? ![]()

