Las experiencias que se tenían en el pasado se han convertido en los anhelos para el futuro.

Las familias sienten que el fin de la cuarentena está próximo y comienzan a imaginar qué les gustaría hacer cuando eso pase, distinguiendo entre tres tipos de actividades: las individuales, las familiares y las productivas. Las actividades individuales son las más inmediatas. Incluso algunas se planean hacer antes de regresar a la cotidianidad: atender el cuidado personal, cortarse y pintarse el cabello, comprar calzado y ropa que les quede por eso de “los kilos ganados” durante el encierro. Piensan que el regreso incluirá también asistir a los lugares que se acostumbraban o que eran para momentos especiales como algo que anhelan emocionalmente, como el café con las amigas, salir a los restaurantes que se visitaba los domingos o los cumpleaños.
Por otro lado, las actividades familiares son importantes, pero requieren una mayor planificación en tiempo y gasto y saben que no todas pueden concretarse tan fácilmente. Se desea visitar a los parientes que no se han podido ver en semanas o a los conocidos que han tenido algún tema de salud y participar en eventos de la comunidad. Por ejemplo, una mujer en Oaxaca espera asistir al panteón para recordar a los que ya no están; otra mujer en Chihuahua espera con ansia ir a la iglesia para escuchar misa de manera presencial, aunque ha “tomado misa” a través de canales digitales.
Las familias reflexionan sobre la viabilidad de realizar viajes y experiencias más extraordinarias fuera de casa. Así a una familia de Torreón le gustaría salir de campamento, a las familias de Veracruz y Mérida, ir de paseo a la playa. Estos planes parecen importantes para mostrar que se ha podido salir airoso de la crisis, para celebrarlo como un triunfo colectivo.
Finalmente, las actividades productivas dejan ver una necesidad de movimiento. Se observa la búsqueda de hacer y dejar atrás la pasividad. En el caso de las personas que regresarán a sus espacios laborales, desean retomar el ritmo y las dinámicas, desde volver al espacio de trabajo hasta lograr cubrir las jornadas acostumbradas. Quienes han perdido el empleo esperan que las empresas reanuden sus labores para ofrecer sus servicios, mientras que los que tienen sus propios negocios piensan cómo hacerlos crecer, ser más productivos, tener más clientes.
De esta manera una familia en Torreón menciona que están considerando adquirir una nueva motocicleta que sea funcional tanto para el negocio de la mamá como para el del hijo. Incluso en la Ciudad de México un economista empieza a considerar cómo lo tecnológico y digital se puede incorporar en sus proyectos. Los anhelos individuales, familiares y productivos cobran importancia porque permiten marcar la ruptura del encierro y se vuelven imperantes para pensar el futuro. Sin embargo, estos deseos conviven estrechamente con la incertidumbre de no saber a qué realidad se volverá, porque no ha desaparecido la incertidumbre de los riesgos de salud y, sobre todo, de no saber si su realidad económica y la del país les permitirán llevarlos a cabo. ![]()

