Defendiendo y renunciando a lo esencial

La brecha entre lo que es y será importante en el futuro, empieza a evidenciarse entre los adultos y los jóvenes. 

La palabra “esencial” no era de uso común antes de la contingencia, pero ahora las familias la usan para hablar de cómo eligen sus consumos y cómo toman decisiones. Lo que es esencial para unos, no lo es para otros y las diferencias más evidentes se dan generacionalmente, es diferente para los adultos y para los jóvenes. Aunque para ambos la estabilidad es el objetivo, dividen sus estrategias entre lo que tienen que hacer en el presente y lo que tendrán que cambiar tras el fin del confinamiento, redefiniendo lo esencial.

Los adultos —proveedores económicos y administradores del hogar— parecen más preparados para el momento de salir a la calle. Su perspectiva es práctica: buscan reanudar sus actividades y negocios cuánto antes y adaptarse en el camino, pues ya han vivido otros aprietos y tienen tácticas para solucionarlos. Para ellos, en el futuro lo esencial será poder llegar con dinero guardado para sortear el periodo de reactivación después del confinamiento.

Las mujeres piensan en los cambios que harán en su gasto y en la manera en que comprarán. Consideran que se dará de manera dosificada y se primará el precio sobre la marca. Cinthia en Mérida comenta sobre el regreso escolar: “Habrá cosas que ni siquiera tendremos que comprar porque no se gastaron, los uniformes están intactos, ¡le acabábamos de comprar zapatos!”.   

En cambio, a los jóvenes se les dificulta más planear el futuro. Por un lado, porque no habían vivido una crisis de estas dimensiones y, por otro, porque tienen menos herramientas y aprendizajes para evaluarlo. Sienten que lo esencial implica el sacrificio de sus deseos y se debaten entre asegurar un ingreso para apoyar a la familia, y cumplir sus anhelos que van más allá de lo que pasa ahora. Anhelan poder dedicarse a lo que les gusta, a lo que estudiaron o reactivar sus planes de negocio, aunque éstos hoy no entren dentro de las llamadas “actividades esenciales”. Saben que las condiciones impiden tener todo y que se tienen que hacer sacrificios porque de eso se trata la administración de lo esencial: coordinar entre tiempo, energía, gustos y dinero.

No todo es malo, tanto los adultos como los jóvenes quieren hacer cosas nuevas a partir de un futuro “desde cero”. Este reinicio tal vez les permita atreverse. Los padres hablan de su acercamiento a lo digital, de invertir en su uso y de usar un crédito para comprar por fin una computadora. Los jóvenes buscan integrarse al mundo comercial usando recursos digitales para ofrecer su trabajo e incluso piensan en oportunidades de negocio a partir de la contingencia.

Repensar el futuro implica entonces un esfuerzo de imaginación y creación en lo colectivo e individual. Repensar el futuro, va más allá de salir de la crisis, sino de la reorganización y anticipación de elementos para lograr una nueva estabilidad en una situación nunca vivida.