La pausa obligada no sólo ha postergado las actividades productivas, sino también ha cambiado el arreglo personal al tener que ajustarse para no perderlo.

Aunque una imagen recurrente del aislamiento social incluye a personas con poco arreglo, desaliñadas o en pijama, no puede decirse que están descuidadas. Lo que se aprecia es que los mexicanos han implementado una administración de la estética. Ahora que el cotidiano se ha alterado, se esmeran en su imagen de una manera distinta: hay énfasis en algunos aspectos, mientras que otros, son eliminados. Pero hoy los conceptos que resaltan son los de higiene y comodidad.
Quedarse en casa disminuye la exigencia que las personas viven cuando tienen que arreglarse para salir normalmente. Es necesario verse bien, pero es más importante que los vean bien. Ahora, no hay tanta rigurosidad en cumplir con todos los detalles. Por ejemplo, en la higiene individual hay que cepillarse los dientes, quitarse la pijama; pero el bañarse, puede ser más espaciado, dependiendo del clima, y hasta de las ganas.
La vestimenta ha perdido relevancia dejando a un lado la moda y la tendencia, dando paso a lo práctico. Porque en la cuarentena no hay horarios ni compromisos sociales, ¿por qué tendrían que andar formales? Da igual si se está en Veracruz, la Ciudad de México o Chihuahua, los atavíos predilectos son los pants, shorts, pijamas, playeras, chanclas. Incluso se recurre a prendas “viejas” para mantener en buenas condiciones la ropa del diario, la que se utiliza para salir. Así, Gloria de Torreón, aunque piensa que “parece retrato” lo justifica con tranquilidad: “total, nadie nos ve”.
No sólo la vestimenta se administra, también otros detalles: el maquillaje ahora es menor, no se usa la misma cantidad de perfume, no hay que afeitarse o teñirse el cabello. Antes esto podía significar abandono de sí mismos, ahora se comprende cómo los productos de cuidado personal son acompañantes de una cotidianidad fuera de casa, que hoy se ha visto mermada. Al no estar presente esa posibilidad, estos elementos adquieren un carácter casi extraordinario.
Una expresión particular de esto es cuando se hace home office o se toman clases virtuales. Las personas se bañan temprano, se engalanan y perfuman como si fuera un día común sólo para presentarse frente a la pantalla. Buscan transmitir un sentido de continuidad de la vida a través de su imagen, al presentarse limpios y pulcros, al vestirse más formal, a pesar de estar en casa. El confinamiento trastocó la forma en que las personas se ocupan de su imagen. Se flexibilizó el cuidado para sí porque no se redujo el consumo de productos de higiene básica como jabón para manos, pasta de dientes o desodorantes, y, al mismo tiempo, se generó una administración del arreglo para los demás, disminuyendo la presencia de maquillajes, perfumes, tintes. A futuro, se tiene la esperanza de volver a la exigencia del cuidado y arreglo personal, pero sólo hasta donde la situación sanitaria lo permita, porque ¿habrá que usar labial para ponerse el cubrebocas después de esto? ![]()

