Parte de la población acata las recomendaciones de prevención, pero otros no. Ante esto, aumentan las peticiones de “mano dura” hacia quienes no obedecen.

Desde el inicio de la pandemia se han podido observar dos posiciones respecto a la cuarentena: la de quienes siguen las recomendaciones emitidas por las autoridades sanitarias y la de quienes quieren continuar con las actividades cotidianas a pesar del riesgo de contagio. Si bien a la mayoría les ha quedado claro que no todas las personas pueden quedarse en casa por la necesidad de salir a trabajar, a muchos indigna que hoy, en plena fase tres, persista la imprudencia de otros ciudadanos.
La no colaboración de quienes “ni se cuidan ni nos cuidan”, se empieza a vislumbrar como un punto de conflicto porque, los que han cumplido con rigor la cuarentena piensan que están “pagando justos por pecadores”. Ante la denuncia de esta inconsciencia se genera una paradoja: a pesar de que se cree que el gobierno ha hecho “cosas buenas”, también se le atribuye la responsabilidad de que haya personas que no cumplan con sus directrices.
¿Por qué surgen estas ideas ahora si esto ha ocurrido desde el principio de la contingencia? No olvidemos que el confinamiento lleva seis semanas. Con el paso del tiempo las personas empiezan a expresar su inconformidad con el encierro demandando a las autoridades que implementen medidas “más fuertes”, que hagan algo más que sólo buscar persuadir a quienes no respetan las disposiciones de seguridad, con la esperanza de que estas acciones permitan acelerar el retorno a las actividades cotidianas.
Se pide al gobierno que actúe de forma más drástica porque la desesperación comienza a aflorar y surgen peticiones en distintos puntos del país. Por ejemplo, en Oaxaca, Mérida y Ciudad de México, sugieren la aplicación de multas, la clausura de negocios no esenciales, incluso se piensa en el toque de queda como una opción para asegurar que más personas mantengan el aislamiento social. La molestia radica en la idea de que el esfuerzo hecho para quedarse en casa se anula por un “puñado de individuos irresponsables” a los que el gobierno debería meter en cintura con acciones más enérgicas.
Así pues, en un momento de incertidumbre como el que vivimos, en Zacatecas piden a su gobierno “que no sea blando” y que hace falta “que se chinguen a los que no acatan”, a partir de un sentido de conservación y supervivencia tanto biológica como social. Las personas creen que los gobernantes, al ejercer políticas más duras, podrían garantizar la protección de la población de un contagio que se extiende cada vez más por la “suavidad” demostrada hasta ahora. La petición de intervención institucional es la petición frente a la desesperada necesidad de propiciar que la reactivación social y económica se recuperen lo antes posible. ![]()
