Nunca tantas personas habían seguido un tema por tanto tiempo y los números no esclarecen la realidad que la audiencia espera pendiente. ¿Cómo influye esto en las expectativas hacia los medios?

Los medios de comunicación optan por dos formas de presentar la información sobre el COVID-19. Por un lado, están los anuncios oficiales y avisos en los noticieros; por el otro, las entrevistas sobre opiniones e interpretaciones individuales, desde las conferencias de López-Gatell hasta los mensajes de Claudia Sheinbaum y de otros líderes estatales. Ambos sólo muestran el cambio de los números de contagios y las medidas de prevención según la fase.
Ante esto la reacción de las familias mexicanas también ha cambiado. Los sedientos de actualizaciones sobre el tema, primero se hartaron de tantos datos, luego formaron sus propias rutas de consumo de información con criterios propios para evaluar y ahora empiezan a exigir que los medios les den más. Horacio en Chiapas está confundido al recordar cómo se comunicó el primer caso de contagio en su comunidad: se difundió la información cuando recién se había contagiado la persona, pero ahora que se curó y salió del hospital, los medios locales están callados. Le gustaría saber qué paso después. La familia Ramos en Xalapa se la pasa limpiando el patio, no por el miedo al COVID-19, sino porque no saben cómo el sistema de salud piensa atender al mismo tiempo este virus y el dengue, cuya temporada está por empezar en la región. Nadie les ha explicado.
Las personas esperan que el seguimiento al coronavirus se dé no sólo de forma numérica y a modo de advertencia sanitaria, sino de manera más profunda y humana, explicando los porqués y los cómos que se esconden detrás de las cifras. El deseo de saber no es por capricho ni por crítica a los medios. Es una necesidad de sentir el avance de la contingencia y contar con evidencia tangible de que no sólo los ciudadanos están tratando de asumir su responsabilidad cumpliendo con las medidas impuestas, sino que también lo hace el sector médico y otras instancias involucradas. ¿Qué pasa en los hospitales? ¿cómo es la recuperación? ¿qué pasa con los pacientes después? Y lo más importante, ¿por qué?
Al no tener respuestas totales, las personas empiezan a quejarse de que “todos transmiten lo mismo” y crean sus propias estrategias. Hay quienes de plano dejan de lado las noticias respecto al virus y prefieren elegir contenidos educativos y recreativos que brindan distintas plataformas. Otros se quedan con la comunicación entre familiares y prefieren hacerles caso a los parientes de Estados Unidos que les mandan notas de los periódicos de allá o buscan contactos que tienen algo que ver con el sector salud como Laura en Zacatecas.
La pregunta que provoca esta situación es ¿será que estamos observando cómo se forman consumidores de datos más críticos o sólo es una de tantas reacciones pasajeras generadas por el encierro? ![]()
