¿Ponerse o quitarse el cubrebocas?

En los últimos días el cubrebocas es un recurso que ha hecho que las personas se sientan protegidas ante el contagio además de que les ayuda a justificar algunas acciones y decisiones diarias.

Para Gloria, en Torreón, el ritual de ponerse el cubrebocas cuando sale de casa se ha normalizado. Incluso identificó que la oportunidad de venderlos no sólo la ha tomado ella sino también otros comercios que antes no se hubieran imaginado venderlos. En las familias Treviño y Barajas, en Monterrey y Guanajuato, la noticia de su uso “obligatorio” fue bien recibida porque reafirmó una de las estrategias que habían adoptado desde antes. Y es que, a pesar de la poca efectividad o el efecto placebo que ha descrito el Dr. López-Gatell en sus conferencias, parece que para las familias funciona como si fuera la única vacuna a su alcance para combatir la pandemia.

Por una parte, cuando se lo ponen, las familias lo usan como indicador para saber si a otras personas les preocupa la situación o saber si los negocios son seguros. Por ejemplo, en Cancún la familia regaló uno a la investigadora “por el bien de todos” y Mariana de Chihuahua identificó que en la tortillería donde compra “tienen una cartulina en que piden que vayas con cubrebocas, aunque mucha gente no hace caso”.

Simbólicamente, las familias también han decidido ponérselo para protegerse de la información relacionada con el coronavirus. A Marco en Zacatecas las noticias le generaban pánico. Cristina en Tijuana expresó: “yo ya no quiero creer nada más que lo veo en mi colonia, de eso nadie me miente”. Karen en Cancún dijo: “llegó un momento que me harté, me fastidié, me encabroné porque no había buena programación y de todos los canales, solo ese [ADN40] no hablaba de coronavirus”. En este sentido, ponerse el cubrebocas es también para las familias proteger su salud mental.

Por otra parte, al quitárselo parece darles el derecho de cuestionar con mayor legitimidad las acciones del gobierno, de otras personas o incluso de miembros de la familia. Además, parece justificar decisiones familiares que contradicen las recomendaciones institucionales como evitar reuniones, mantener sana distancia o solo salir de casa para lo esencial. David de Guadalajara afirma que: “mientras ves que en la colonia Jalisco anda la gente sin cubre bocas, andan los moto ratones [policía] como si nada, mientras que a nosotros nos están vigilando”. Pero también David sale en moto para desestresarse e hizo un pozole con su familia, vimos reuniones familiares en Puebla y Chihuahua, en Villahermosa Eduardo vende bebidas “clandestinamente” y en Chiapas van a la iglesia los domingos.

En conclusión, ponerse o quitarse el cubrebocas implica protegerse no sólo en un sentido literal de la enfermedad sino también conlleva un éxito simbólico. Metafóricamente, con esta estrategia las familias parecen estar domando la pandemia.